Cómo practicar sin aburrirse: inspiración, actitud y el secreto de querer volver a empezar
Transcripción libre de una enseñanza oral dada por un Lama tibetano contemporáneo, mi maestro, Khenpo Pema Wandak. La forma oral se ha conservado para mantener el tono directo y vivencial del maestro.
El privilegio que no siempre vemos
Una vez más, estamos aquí. Y me gustaría recordarles a todos ustedes —incluyéndome a mí mismo— que aprendamos a ser conscientes del privilegio que tenemos.
Quiero animarlos a tener ese espacio para contemplar y reflexionar. Porque eso, realmente, es un privilegio. Es algo especial que solo les sucede a unos pocos afortunados. Tal vez uno no lo sienta así todo el tiempo, pero si usamos nuestra inteligencia y nos observamos un poco... eso es lo que es.
En el Dharma lo llamamos el precioso renacimiento humano, pero quiero que lo miren desde otro ángulo. Porque mirar una misma cosa desde otra perspectiva siempre da una comprensión fresca. Y eso es valioso, porque nuestra mente... se aburre. Y el aburrimiento, cuando se instala, es muy dañino.
El demonio del aburrimiento
No queremos ser poseídos por el demonio del aburrimiento. Digámoslo así. Es una especie de posesión: una falta de inspiración.
Nuestros maestros siempre dicen que hay que aprender a estar inspirados, a encontrar la chispa en todo momento. Y hacer lo que sea necesario para no aburrirse. Cuando uno escucha una enseñanza y piensa: “Ah, sí, ya sé lo que va a decir”, o “esto ya lo escuché antes”, eso ya es señal de una actitud equivocada. Una forma de aburrimiento.
Incluso si escuchás la misma palabra cien veces, la mente debería estar como si la escucharas por primera vez.
Escuchar como si fuera néctar
Nuestros maestros enseñan que al escuchar el Dharma, deberíamos hacerlo como si bebiéramos néctar. Y eso se puede aprender. Aprender a escuchar de esa manera es algo muy especial.
Porque si dependemos solo del entusiasmo, de lo espontáneo, eso no dura mucho. Al principio, la práctica no va a ser emocionante. Pero sí puede ser algo confiable. Un tipo de experiencia con un sabor distinto al de la excitación. Algo más estable. Y si necesitamos emocionarnos, está bien, pero al menos sepamos lo que estamos haciendo.
Al principio, practicar el Dharma es como saborear algo áspero, algo que no entendemos bien. Pero por ahora, la imaginación ayuda.
La mente como un niño
Nuestra mente es como un niño pequeño. Hemos visto tantas películas, tantos videos, que a veces ya no sabemos si algo que recordamos nos pasó realmente... o si fue una escena de una película. ¿Saben a qué me refiero?
He visto cómo se puede engañar a un niño para que tome leche, y lo hace feliz. Y funciona. Entonces, si eso sirve, adelante.
Muchas de nuestras visualizaciones en el Dharma funcionan así. Son como pequeños trucos para la mente. Porque, total, la mente ya nos está engañando igual. ¿Por qué no usar eso a nuestro favor? Si la mente puede hacernos sufrir a través de sus propias trampas, también puede aprender a liberarse con su misma flexibilidad.
Nada está fijado
La razón por la que a veces sentimos que estamos estancados es porque creemos que todo está fijado. Pero no. Nada está fijo. Lo único que parece fijo son nuestros hábitos profundos. Pero incluso eso es moldeable.
Hay cosas que no pueden cambiarse: todos lo sabemos. Envejecer, enfermar, morir... no podemos evitarlo. Entonces, en lugar de decir “¿por qué a mí?”, deberíamos decir: “Esto le puede pasar a cualquiera. Y ahora me está tocando a mí”.
Y desde ahí, seguir adelante.
Podemos aprender a ser victoriosos, pase lo que pase. Parte del camino es distinguir lo que puede cambiarse de lo que no. Y sí: eso se puede aprender.
Cómo saber si estamos haciendo las cosas bien
Antes de cerrar, recuerden esta enseñanza del Buda. En un sutra llamado La colección de los tres tesoros, se dice que el Dharma es:
"Bueno al principio, bueno en el medio, y bueno al final."
Eso se puede aplicar a cualquier cosa. Cuando empezamos algo, lo hacemos con alegría. Mientras lo hacemos, lo sostenemos con alegría. Y al terminar, lo dejamos también con alegría.
Es como una historieta. Cada semana sale una nueva viñeta. Uno la lee y se queda esperando la próxima. Ese es el truco. Y ahí hay sabiduría.
Entonces, ¿cómo saber si lo hicimos bien?
Muy simple: si al terminar una sesión, un día, una práctica, pensamos "quiero volver a hacerlo", entonces lo hicimos bien. Si al terminar sentimos “ya está, no quiero más”, aunque lo que hicimos fuera correcto, la forma en que lo hicimos no lo fue.
Porque en el Dharma, lo importante no es llegar al final. El Dharma no es como en las películas, donde todo se resuelve al final. No hay juicio final, ni “vivieron felices para siempre”. La enseñanza del Buda no tiene un final. Es atemporal. Es un proceso sin fin.
Saber cuándo detenerse
Parte de lo que tenemos que aprender es cuándo parar. Parar mientras todavía hay energía, alegría, interés.
Porque —como dije antes— el aburrimiento es nuestro mayor enemigo. Tan fuerte que puede hacernos sentir que ni vale la pena empezar. Y si no empezamos… bueno, ahí se termina todo.
No hace falta una gran tragedia para abandonar la práctica. Solo hace falta ese pequeño “basta, no más”, y ahí se termina el camino.
Conclusión
Ojalá esta sesión les haya dejado esa sensación de “quiero volver”. Porque eso es señal de que lo estamos haciendo bien. No se trata solo de hacer lo correcto, sino de hacerlo de una forma que dé ganas de seguir.
Y eso… es una verdadera enseñanza.
Enseñado por Khenpo Pema Wangdak el 21 del Abril del 2025
Foto: Buddha Stupa - 2024

Comentarios
Publicar un comentario