Reflexión sobre la oración, la humildad y la intención


Está bien decir: “Gracias, muchas gracias. Rezaré a la Verdadera Madre Tara para que nos ayude”. Es muy importante ser humildes y receptivos. Deberíamos aprender a estar en sintonía con la naturaleza, no por encima de ella. Somos parte de la naturaleza, y someternos a su flujo significa aceptar las cosas tal como son.

En todo lo que existe, para que algo ocurra, tiene que haber una causa, algo que lo despierte, que lo provoque. Es como cuando se riega una semilla: eso provoca su germinación. Ese impulso que provoca el florecimiento se llama kun long, que significa intención. En tibetano, usamos kun long para referirnos a la motivación pura. Para que algo ocurra, tiene que haber una intención detrás, una motivación, como en las historias donde aparece la diosa Mātṛkā (Madre Divina) guiando el camino.

La mejor forma de tener una motivación correcta es mediante la oración. Pedir no es malo. De hecho, es algo bueno, siempre y cuando sepamos qué pedir. El problema es que muchas veces no lo sabemos. En sánscrito, el término praṇidhāna significa aspiración, un anhelo noble de ser virtuosos, compasivos y generosos. Pero cuando esa aspiración se distorsiona, se convierte en deseo. Y el deseo —cuando está contaminado por el apego— es el origen del sufrimiento, del miedo y la ansiedad. El deseo es también una forma de oración, pero mal dirigida.

¿Por qué rezar a la Madre Tara o a los Budas? Porque no se trata de “pedir milagros” ni de culpar a lo divino cuando algo sale mal. El Buda nunca dijo: “Esto es culpa tuya”, sino que nos enseñó sobre el karma: las cosas son como son por causas y condiciones.

Rezar con pureza es aceptar que, si algo no sucede como queremos, igual está bien. Eso se llama mi mipa, una actitud de no aferrarse, de no tener expectativas fijas. Si la ayuda llega, maravilloso; si no, también está bien. No perdemos nada.

Pero cuidado: orar con aferramiento a un resultado no es verdadera oración. Por eso, debemos rezar soltando lo que pedimos. Es como conducir por la autopista a alta velocidad, sabiendo que podríamos morir en cualquier momento, pero sin perder la calma. Así también podemos vivir: con claridad, pero sin aferramiento.

Madre Tara representa precisamente eso: sabiduría con compasión sin condiciones. Nuestra relación con Ella nos enseña a pedir con el corazón abierto, pero sin expectativas rígidas.

Pedir no es signo de debilidad. Muchas veces creemos que solo los desesperados se vuelven espirituales. Tal vez haya algo de verdad en eso, pero la oración no es solo para cuando todo falla. Rezar es un acto consciente, no una reacción.

Pero cuidado con lo que pedimos. A veces pedimos cosas que, cuando llegan, nos traen sufrimiento. Como en el mito del Rey Midas, que deseó que todo lo que tocara se convirtiera en oro... hasta que no pudo ni abrazar a su hija sin convertirla en estatua.

Nuestros deseos pueden traernos riqueza, pero también ansiedad, enemigos, insomnio y miedo. Así que lo que pedimos debe estar guiado por sabiduría. Nuestros sufrimientos muchas veces son el resultado de lo que pedimos, aunque no lo sepamos.

Por eso, mejor es rezar como lo hacen los Budas:

“Que lo que han rezado los Budas del pasado, lo rece yo también.
Que lo que están rezando los Budas del presente, lo rece yo también.
Que lo que rezarán los Budas del futuro, lo rece yo también.”

Esa es una forma segura de orar. Porque si pedimos cosas específicas —como dinero o éxito—, aunque las obtengamos, vendrán acompañadas de insatisfacción.

En nuestras culturas, incluso sin saber leer ni escribir, nuestras madres y padres sabían, por instinto, que uno no debe recibir todo. Cuando te dan una canasta de frutas, devuelves la canasta con unas frutas adicionales. Cuando compras ropa nueva, dejas un pequeño remiendo: una imperfección voluntaria. Así reconocemos que nada es perfecto y que no todo está en nuestro control.

El objetivo no es cambiar el mundo. Es transformarnos a nosotros mismos.


Enseñado por  Khenpo Pema Wangdak el 8 del Abril del 2025

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

La práctica consciente y el valor de aprender continuamente

La impermanencia como práctica viva

Reflexión sobre el sufrimiento privilegiado y la responsabilidad interior