Espíritus, Méritos y Encuentros Extraordinarios


Khenpo Pema, preguntó de que queríamos hablar, nadie se animó a decir nada, entonces Khepo-la dijo, ¿que les parece que hablemos de fantasmas y espiritus? Y prosiguió con las siguientes historias para darnos una enseñanza sobre la generosidad.

El monje y el espíritu protector

En el Tíbet —y también en la India— existe una antigua costumbre: cuando uno envejece, y sus hijos ya han formado sus propias familias y tomado las riendas del hogar o el trabajo, el adulto mayor deja su casa y comienza una vida de peregrinación. No se trata de un viaje turístico, sino de una travesía espiritual que recorre lugares sagrados, templos, monasterios y montañas benditas. Sin hoteles ni comodidades, se depende de la generosidad de los demás, confiando en que nadie negará alimento o abrigo a un peregrino.

Uno de estos peregrinos era un monje que tenía la capacidad de ver espíritus. Mantenía una relación de apoyo mutuo con uno en particular, un espíritu aliado que lo protegía durante sus viajes. En una de estas travesías, se unió a una gran familia que también se desplazaba con caballos y mulas. Sin embargo, con el tiempo, la familia se hartó de su presencia y, sin avisarle, partieron al amanecer dejando al monje completamente solo en un lugar desolado.

El monje, sin otra opción, ofreció oraciones y méritos al espíritu que lo acompañaba. Sobrevivió un par de días así, hasta que un joven de la familia regresó cabalgando, desesperado: la nueva esposa de la familia estaba siendo asfixiada por una entidad invisible. El monje accedió a ayudar. Al llegar, vio con claridad cómo un espíritu estaba ahogándola. Lo enfrentó directamente, y mediante oraciones logró liberarla. En agradecimiento, la familia le dio alimento suficiente para un mes y una mula para continuar su camino.

El espíritu de la montaña y la trampa del mérito

Otra historia más inquietante trata de dos amigos que, durante un paseo en las montañas, llegaron a un paso elevado. En lugares como este, es común dejar una piedra en un montículo como ofrenda a los espíritus locales. Uno de los amigos colocó su piedra con respeto; el otro, burlándose, pateó el montículo y dijo que todo eso era una tontería.

Pasó el tiempo, y el amigo escéptico olvidó el incidente. Un día, desde su ventana, vio crecer una hermosa planta de cebada. Provenía de granos olvidados en una bolsa vieja que había dejado afuera. Fascinado por este regalo inesperado de la naturaleza, comenzó a cultivarla año tras año. La cosecha se multiplicó, compró tierras, crió ganado, y en una década se había hecho rico.

Pero con la riqueza llegó la arrogancia. Comenzó a beber "chang" —una bebida alcohólica tibetana— y perdió el rumbo. Descuidó sus tierras, desperdició sus recursos y eventualmente lo perdió todo. En ese momento, el espíritu que lo había engañado desde el principio se reveló. "¿Por qué no me atacaste desde el comienzo?", preguntó el hombre. El espíritu respondió: "No podía verte mientras tu mérito estaba intacto. Tu generosidad te protegía. Tu codicia me permitió finalmente acercarme."

El poder del mérito

Estas historias, aunque inusuales, transmiten una enseñanza clara: el mérito —nacido de la bondad, la generosidad y la compasión— es una protección real, incluso frente a fuerzas invisibles. Cuando cultivamos acciones virtuosas, nuestra energía cambia, y lo que nos rodea también responde. En momentos de fuerza, las entidades negativas no pueden tocarnos. Pero si dejamos que nuestra bondad se marchite, abrimos la puerta a influencias dañinas.

No se trata solo de espíritus. También en la vida cotidiana, cuando alguien es fuerte y virtuoso, incluso los que tienden a aprovecharse se mantienen al margen. Pero cuando perdemos el rumbo, los problemas encuentran su camino hacia nosotros.

Reflexión final

Estas historias sobre espíritus pueden parecer cuentos o rarezas, y está bien si alguien lo toma así. Pero yo creo que tienen algo que ver con cómo funciona la vida, realmente.

Cuando uno tiene mérito, cuando ha sido amable, generoso, cuando ha hecho cosas buenas, eso tiene un poder. No un poder mágico o exagerado, sino algo real. Se nota. Se siente. Incluso lo invisible responde a eso.

Cuando uno está fuerte —no solo físicamente, sino internamente—, esas cosas que pueden causar daño no se acercan. O no pueden. Es como si hubiera una protección natural.

Pero cuando uno empieza a perder ese mérito, cuando se olvida de hacer el bien, de ayudar, de ser considerado, ahí las cosas cambian. Uno se debilita, y ciertas fuerzas se acercan.

No lo digo para asustar, sino para entender cómo funciona. El mérito es como un escudo. No lo vemos, pero está. Y cuando lo perdemos, es como quedarse sin abrigo bajo la tormenta.

Por eso siempre insisto: hay que ser amables, generosos, atentos. No solo porque es lo correcto, sino porque eso también nos protege. A nosotros, a los demás, incluso frente a lo invisible.

Alguien puede preguntar: “Si ese espíritu quería hacer daño, ¿por qué no lo hizo desde el principio?” Porque no podía. El mérito protegía. Tuvo que esperar a que se gastara. Y cuando eso pasó, se mostró.

Eso también pasa entre personas. Cuando alguien está fuerte, nadie lo molesta. Pero cuando uno se debilita, ahí aparecen los que sí molestan. ¿No es así?

Y bueno, estas historias uno las cuenta. Tal vez un día las cuente mejor. Estoy practicando. Si me sale bien, me voy a dedicar a eso.

Por ahora, eso era todo. Buenas noches.

Enseñado por Khenpo Pema Wangdak el 19 del Mayo del 2025
Foto: Guru Lhakhang Monastery - 2024



Comentarios

  1. Gracias Pablo, hermosas historias y muy interesantes reflexiones!

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