Recordando a Gustavo y el Valor del Dharma Cotidiano
Una despedida con gratitud
Hoy quiero compartir con ustedes una enseñanza que nació del corazón, conmovida por una pérdida reciente pero también iluminada por la presencia del Dharma en nuestra vida cotidiana.
Un querido amigo, Gustavo Porro, falleció en Argentina. Muchos de ustedes quizás lo conocieron. Gustavo fue un ser profundamente comprometido con el Dharma y con causas sociales. Dedicó su vida a cuidar la tierra, a plantar árboles, a preservar paisajes. Siempre invitaba a los demás a conocer su país. “Ven a Argentina”, me decía año tras año. Y un día acepté. Viajamos a El Bolsón, un lugar increíble donde el agua se puede beber directamente del río. Allí empezó algo muy especial. Ese pequeño gesto de conexión se convirtió en el inicio de una expansión del Dharma Sakya con Khenpo Rinchen en América Latina: Argentina, Chile, Bolivia, Uruguay y más allá. Eso fue posible por la fuerza de su aspiración sincera. Una sola persona, con buena intención, puede encender una red de causas que transforma muchas vidas.
Por eso hoy les pido que recuerden a Gustavo. Que dediquen sus oraciones por él. Que reconozcan su esfuerzo y que ofrezcan sus méritos para que su camino continúe bendecido. Y también para el beneficio de todos los seres.
El desafío de transmitir el Dharma en Occidente
En esa misma enseñanza, recordé a Paul, un amigo devoto del Dharma desde hace muchos años en Minnesota. Durante mucho tiempo viajaba regularmente allí, y gracias a personas como él, el centro de Dharma floreció y se convirtió en uno de los más bellos del país. Pero también compartí con él una preocupación. En Occidente a veces nos falta valor para transmitir el Dharma a las nuevas generaciones. Pensamos que no debemos “imponer”, como si el Dharma fuera algo opcional, una actividad para cuando uno tiene tiempo. Pero el Dharma no nació para entretenernos. Nació del impulso interior de buscar la verdad.
El Dharma no es producto de una crisis social ni de una injusticia histórica. No surgió como protesta ni como reforma. Nació del deseo profundo de comprender la mente. Es un camino personal, una búsqueda interior. Tiene que ver con cada ser humano y su relación consigo mismo y con el mundo. Eso lo hace universal, valioso y siempre vigente.
Una lección inesperada en Central Park
También compartí una experiencia que me dejó una enseñanza profunda. Hace años, en pleno invierno, participaba en una caminata silenciosa por Central Park, en una muestra artística llamada “The Gates”. Entre la nieve, vi una pareja asiática tomándose fotos de boda. Yo estaba cubierto con toda la ropa posible por el frío, y ellos apenas vestidos para la ocasión. Al principio los juzgué en silencio: “¿Qué hacen acá con este frío?”. Pero enseguida mi mente, entrenada por años de práctica, me corrigió: “No es asunto tuyo. ¿Por qué no pueden ser felices?”. Y entonces cambié mi actitud. Les deseé felicidad, una vida larga y alegre. Y comprendí que, a veces, lo único que hace falta es permitir que la alegría exista, dejar de sabotear la felicidad ajena y la propia.
Esa escena me recordó algo que Su Santidad siempre dice: el propósito de la vida es ser feliz y hacer buen uso de ella. Es una verdad sencilla, clara y profunda. Pero muchas veces la olvidamos. Nos dejamos arrastrar por el escepticismo, por la crítica, por la amargura. Y así desperdiciamos las pequeñas alegrías de cada día.
Vesak y el valor de improvisar
Hoy también celebramos el mes de Vesak, conocido en tibetano como Saga Dawa. Es el mes del nacimiento, la iluminación y el parinirvana del Buda. Es un momento sagrado en el calendario budista. Aunque los calendarios orientales y occidentales no siempre coinciden, lo importante es que cualquier día puede ser un día de práctica. No tenemos que esperar la fecha perfecta. Podemos celebrar hoy. Podemos hacer de cada día una oportunidad para conectar con el Dharma.
Celebrar no es aferrarse. Es honrar la vida con atención. Improvisar también es sabiduría. Cumpleaños, aniversarios, días especiales: todo puede ser una excusa para sostener la alegría, compartir un momento, crear virtud. No porque eso sea el propósito de la vida, sino porque, mientras transitamos este mundo, eso es lo que tenemos. Y si lo hacemos con conciencia, se transforma.
Una bendición silenciosa
Por último, quiero dejar un mensaje para los más jóvenes. En la cultura tibetana, cuidar de los padres cuando envejecen no es una obligación, es una bendición. Poder estar presente cuando ellos más nos necesitan es una fortuna, no una carga. Quienes pueden hacerlo deberían sentirse afortunados. Todos vamos a envejecer. Todos necesitaremos apoyo alguna vez. Y en eso, el Dharma también nos guía: en honrar, cuidar, agradecer.
El valor de lo simple
Gracias por acompañarme en estas reflexiones. Gracias por recordar a Gustavo. Gracias por valorar las pequeñas cosas. Que cada oración, cada acto de bondad, cada gesto sincero, nos acerque a una vida más compasiva y sabia, como enseñó el Buda.
Enseñado por Khenpo Pema Wangdak el 12 de Mayo del 2025
Que maravilloso recordar a Gustavo 🙏
ResponderBorrarMuchas gracias 😊
Borrarmuy motivador! gracias a Gustavo! los estudiantes de Khempo Rinchen siempre estaremos en deuda con él!
ResponderBorrarMuchas gracias por tu comentario, y por recordar a Gustavo 🙏
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