Afinar la mente como instrumento 2
Gracias por estar aquí en esta sesión. Hoy quería comenzar recordando algo esencial. Tal como mencioné ayer —quizás también esta mañana— nuestra principal tarea es recordar. Primero, debemos recordar que debemos recordar. Y luego, qué es lo que hay que recordar.
Hay muchas cosas que uno puede recordar, algunas dependen del contexto, otras no. Pero hay ciertas cosas que siempre son relevantes. Como dije antes, si uno es músico, necesita afinar su instrumento. Si no lo hace, la música que produzca no sólo no será buena, sino que será desagradable. Todos lo sabemos. Sin embargo, hasta que entendí algo de música y física, me frustraba y hasta me enojaba cuando veía a los músicos prepararse antes de tocar. Se la pasaban moviendo sillas, ajustando micrófonos, tocando las cuerdas —¡qué ruido molesto! Pensaba: ¿por qué no hacen eso en su casa? Si el concierto es a las siete, ¿por qué no empiezan a tocar a las siete?
Me llevó toda una vida entender que lo que estaban haciendo era afinar. Y un instrumento desafinado es básicamente inútil. Puede funcionar, sí, pero no produce lo que debe: melodía, ritmo, armonía. Por eso les pido que recuerden esta metáfora casera. Es barata, pero útil: cualquier cosa que hagamos, antes debemos afinar nuestra mente.
Hacer de cada cosa una oportunidad
Afinar la mente es simple, tan simple que lo ignoramos. Uno de mis maestros solía decir: “Si puedes hacerlo, hazlo. Si no puedes, hazlo igual.” En su momento no lo entendía, pero ahora sí. Es como cuando uno se está ahogando: lo único que no debe hacer es entrar en pánico. Y, paradójicamente, es lo único que hacemos. Así que, en ese momento, la única opción real es no entrar en pánico… o hacerlo. No hay muchas más.
Lo mismo aplica a nuestra práctica: si podemos hacerla, hagámosla. Y si no podemos… también hagámosla. Afinar la mente tiene que ver con hacer las cosas con alegría. Por ejemplo, ¿cuántos de ustedes vinieron esta noche con verdadero entusiasmo, con una mente alegre? Esa sensación de “¡Vamos a rezar! ¡Qué emoción!”. Despertarse y decir “¡Otro día más!”. Desayunar y pensar “¡Tengo desayuno!”. Así es como aprendemos a afinar nuestra mente: con alegría, con gratitud, con aprecio. Cualquier actitud positiva sirve.
La marca de una mente bien afinada
Cuando uno afina su mente, todo lo que hace se vuelve más sabroso, más valioso, más inspirador. Y al terminar una oración de 30 minutos, uno no puede esperar a hacerla de nuevo. Eso es una señal clara: si al final de cualquier cosa —una oración, una jornada, una relación, un proyecto— uno siente ganas de repetirlo, significa que se comenzó con la mente bien afinada. Y eso, dentro de la práctica espiritual, es un capital inmenso.
Deberíamos entrenarnos a afinar la mente en todo lo que hacemos. Solo toma tres segundos. Podemos repetir en voz baja: “¡Qué emoción!”. Desayuno: qué emoción. Ir a trabajar: qué emoción. Pedir una pizza: qué emoción. Que haga calor: qué emoción. Incluso si no nos gusta. No tenemos muchas opciones. Esta es la forma de convertir, según las enseñanzas, cualquier obstáculo en una bendición.
La aguja en el ojo y la risa en el alma
Hace unos días fui al médico. Nada grave, pero me inyectaron directamente en el ojo. Un verdadero “desinflador del ego”, como lo llamo. Te sujetan el ojo con un aparatito, y el médico viene y —¡zas!— te pincha el globo ocular. Dura un segundo. Y aunque duele, no es insoportable. Pero claro, no me gusta. Entonces pensé: “¡Qué emoción!”. Es gracioso, sí, pero ¿por qué no? Tengo tres opciones: sentirme miserable, estar preocupado, o decir “esto es emocionante”.
Después de diez minutos, el dolor desapareció. Pero en ese momento decidí tomármelo como una práctica espiritual. Lo dije bromeando, pero también lo decía en serio. ¿Por qué no?
Una actitud que lo cambia todo
Así que, por favor, recuerden esto: si mantenemos una actitud gozosa frente a todo, estoy convencido de que no nos sucederá nada malo. Al menos, no espiritualmente. Gracias a todos. Que pasen buenas noches.
Enseñado por Khenpo Pema Wangdak el 23 de Junio del 2025

Comentarios
Publicar un comentario