El rastro del corazón espiritual


Muy buenas noches. Una vez más, gracias por unirse a esta sesión.

A veces es útil imaginar la mente como el agua. Por naturaleza es pura, como el agua cristalina, pero puede volverse turbia si se mezcla con impurezas. Cuando se contamina, deja de ser clara, deja de ser bebible y se vuelve miserable. Así también nuestra mente: cuando se mezcla con suciedad, pierde su claridad. Y esas "suciedades" son lo que llamamos las tres toxinas.

Estas toxinas —el deseo, el odio y la ignorancia— no son venenos físicos, sino venenos mentales. Un veneno físico puede dañar el cuerpo, pero los venenos de la mente pueden matar nuestro espíritu, pueden destruir lo que somos en esencia. Por eso necesitamos recordarlo constantemente.

Cuando las emociones negativas como los celos o el enojo surgen, deberíamos soltarlas como si hubiéramos tocado por accidente una sustancia venenosa. Inmediatamente. Así lo enseña Shāntideva: cuando surge una emoción perturbadora, debemos actuar como si hubiéramos tocado algo venenoso —soltarlo en el acto. Esa es una parte fundamental de nuestra práctica. No se trata de dejarlo para otro momento. La práctica debe ocurrir en ese instante.

Practicar aunque no seamos buenos en ello

A veces pensamos: “No soy bueno en esto. No puedo practicar bien.” Pero eso sería como alguien que se está ahogando y dice: “No soy bueno flotando.” ¡No importa! Tienes que flotar. Tienes que hacer algo para mantenerte a flote.

Lo mismo ocurre con la bondad, la calma, la compasión. No se trata de si eres “bueno” en eso. Se trata de que lo hagas. Nadie dice: “No soy bueno respirando, así que no lo hago.” No tienes opción: respiras. Así también con la práctica. Es ahora o nunca. Si lo hacemos así, nos hemos montado en el camino, nos hemos subido a la vía correcta.

Seguir el rastro del corazón

Imagina que estás perdido en un bosque y no sabes en qué dirección caminar para volver a la civilización. Antes de encontrar un camino, necesitas una corazonada, una orientación. Tal vez veas señales sutiles: ramas rotas, huellas antiguas, indicios de que alguien más pasó por ahí. Si sigues esas pistas, podrías encontrar un sendero, una huella. Y si encuentras esa huella, has encontrado lo que en tibetano se llama nampa: has hallado el rastro.

Nuestro camino espiritual es igual. Necesitamos hallar el rastro, la huella del corazón espiritual. ¿Dónde empieza ese sendero? En el momento en que comenzamos a tomar en serio nuestras emociones. No me refiero a las emociones tontas que surgen sin razón, sino a cuando realmente nos detenemos y las enfrentamos con atención plena. Ese instante —cuando no las ignoramos ni las dejamos pasar— es el comienzo del rastro.

Si puedes hacer eso, si puedes mantenerte firme y observar tu emoción sin dejarte arrastrar, entonces estás en el sendero. Has tocado la huella inicial.

Gracias, muchas gracias. Gracias por estar aquí. Hoy estoy un poco cansado, así que tal vez tomemos un descanso esta noche. Nos vemos mañana por la mañana. Que tengan una excelente noche.


Enseñado por Khenpo Pema Wangdak el 15 de Junio del 2025
Foto: Swayambhunath - 2024

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