El sentido del refugio y la práctica del mérito

 


Vamos a comenzar tomando refugio, luego bodhicitta, y después haremos una recitación. El refugio debe entenderse dentro de un contexto, al menos en la dirección correcta. Es importante considerar el alcance de nuestras acciones. Sea lo que sea que hagamos, el impacto y los efectos dependen esencialmente del alcance dentro del cual operamos. Así que hagámoslo. ¿Para quién tomamos refugio? Pensemos en todos los seres, en nuestras madres de vidas pasadas. Seres vivos o fallecidos, conocidos o desconocidos, amistosos o no, que nos hayan ayudado o herido… nuestra compasión debe incluirlos a todos sin discriminación. Y rezamos por su longevidad, buena salud, amabilidad, felicidad y bienestar.

El poder del espíritu y la virtud

Las recitaciones completas, al retirarse, y los sutras lo dicen claramente: enfocarse en el espíritu del mérito ayuda a desarrollar la vida y todas las demás virtudes. Esa virtud supera a cualquier otra virtud ordinaria. Puede que nos preguntemos cómo funciona esto, porque solemos querer ver todo materializado. Pero si uno ve el mundo desde un nivel orgánico, puede entender el principio. Si se mira con una mente cerrada, entonces todo puede parecer simplista. Lo esencial es que ningún ser, ni siquiera los animales, desea sufrir; todos desean la felicidad.

Evolución y estado natural de la mente

Cada quien tiene sus ideas, y lo que hacemos forma parte de esta evolución constante, que no es solo física. Lo que me fascina es que eso es precisamente lo que el Buda observó: una evolución no solo física, sino visual. Lo que distingue a esa visión es que la base, la raíz de todo, es el estado natural de nuestra mente, que es pura y perfecta. Todo lo demás es incidental, accidental, condicionado por el entorno, etc.

La conexión orgánica de todas las cosas

Entonces, toda experiencia —cualquier ser con cuerpo— es como una forma encarnada de un proceso. Como el clima: hay sol, agua, nubes, lluvia, pasto. Ese pasto se convierte en heno, se junta en fardos, se da a las vacas, que dan leche. De esa leche se hace queso, manteca, tortas. Se vende la leche, se compran zapatos, se paga la universidad de los hijos, se gasta en casamientos. Se ve la conexión, ¿no? Puede parecer gracioso, pero es real: el pasto está conectado a los casamientos. ¿No es así?

El azar y la elección

Todo esto, según mi entendimiento, muestra que hay una lógica orgánica. Lo extraordinario es que tenemos elección, si la ejercemos. Pero la vida que solemos vivir parece aleatoria. La vida que el Buda enseñó no lo es. En esa visión, uno es el señor, el maestro, el dueño de su propio camino. No se trata de azar, ni de algo incidental, ni meramente ambiental. No es una evolución al azar. Lo que vivimos es una base y una condición, y hay que vivir conscientemente, de lo contrario no funcionará.

El sufrimiento compartido y la aleatoriedad de nuestra visión

En el mundo ordinario, sufrimos cuando otros sufren, o a veces somos felices cuando otros son felices. Pero otras veces, de forma muy aleatoria, nos alegramos del sufrimiento ajeno. Especialmente cuando es alguien que consideramos enemigo. Nos decimos: “se lo merecía”, y hasta sonreímos levemente. Pero, ¿por qué no pueden ser felices ellos también? ¿Por qué no podemos simplemente mantenernos felices sabiendo qué es la felicidad?

La sostenibilidad del bienestar

La clave está en la sostenibilidad. Y ahí entra la meditación. No hay otro medio, otra vía, otra técnica para sostener la paz, el bienestar y la claridad. La sostenibilidad sólo se alcanza a través de la práctica, lo que llamamos meditación. Todo lo que se trabaje con la mente puede llamarse meditación. Es una forma de lenguaje interdependiente. Lo que podemos sostener en el tiempo es precisamente lo que practicamos. El secreto de la meditación es: práctica, práctica, práctica. Y eventualmente la encarnamos.

El valor del tiempo presente

Durante la última hora hemos invertido nuestras palabras, nuestra mente y nuestro cuerpo en esta práctica. No estamos en la playa, nadando o divirtiéndonos, ni en un pub irlandés bebiendo o pasando la tarde en un club con humo. Estamos aquí, en un espacio limpio, sentados cómodamente, y puede que ocasionalmente resulte aburrido, pero al menos sabemos cómo ser felices con lo que hay. Eso es mucho más puro, más piadoso.

El habla y la intención

A veces uno dice malas palabras o chismes, pero ¿alguna vez lo has hecho a solas? Siempre se necesita a alguien más para hablar. Y eso también nos enseña algo: la mente sigue patrones, y esos patrones pueden cambiar si los reconocemos.

Gracias por unirse a este día especial. Nos veremos nuevamente en otra sesión, sea cual sea. Gracias, gracias a todos los que participaron, gracias Campo, gracias de corazón.

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