El Verdadero Inversor: Enseñanzas sobre la Paz Interior


Una pregunta que nos involucra a todos

Hoy, durante la sesión de oración de Tara Verde, una persona preguntó sobre la guerra. Dijo que estaba confundida: ¿Estamos apoyando al gobierno? ¿Contra quién estamos realmente? ¿Solo rezamos por la paz mientras todo empeora? ¿Dónde podemos tener una influencia positiva?

Khenpo Pema respondió:

Esa pregunta nos incumbe a todos. Cada vez que sucede algo terrible, nos preocupa la paz. Pero cuando las cosas están tranquilas, no la valoramos. Esto revela que no estamos realmente convencidos de que la paz es el camino. Es solo una idea que repetimos, no una convicción arraigada. Esa falta de convicción es, en parte, por lo que la guerra vuelve una y otra vez.

Quemamos papeles todos los días

Recuerdo una película occidental. Un rey quemaba un papel y al instante comenzaba una guerra. Pensé durante mucho tiempo que si no lo hubiera quemado, no habría ocurrido nada. De niño pensé que era real. Luego entendí que era solo una película. Pero seguimos haciendo eso todos los días. Quemamos papeles metafóricos sin pensar en las consecuencias. Lo hacemos con nuestras palabras, nuestras decisiones, nuestras emociones no examinadas.

La naturaleza cíclica del olvido

En el Tíbet, cuando caminamos por un paso peligroso, rezamos. Pero una vez que llegamos a terreno seguro, empezamos a cantar. Olvidamos el peligro. Olvidamos la paz cuando hay guerra y olvidamos la guerra cuando hay paz. Esa es la naturaleza cíclica de nuestra confusión.

El peligro de la confianza ingenua

La mayoría del tiempo, en lugar de actuar con inteligencia, seguimos nuestros impulsos. No nos detenemos a reflexionar. Cuando estamos en paz, no nos preparamos para conservarla. Actuamos como si la paz fuera un derecho garantizado. Pero el tiempo de paz, si no se cultiva, es solo la antesala de otra guerra.

El Tíbet mismo lo demostró. Cuando tenía poder y control, lo perdió por estar demasiado confiado. Algunos exploradores tibetanos advirtieron al gobierno que otras naciones podrían invadir, pero la respuesta fue: “No vemos ningún peligro. No hemos hecho daño a nadie, nadie nos hará daño”. Esa ingenuidad fue parte de la caída.

La preocupación que debilita

La preocupación mal dirigida nos debilita. No es inocente preocuparse mal. Nos consume. Nos hace menos sabios. Nos quita claridad. Damos poder a la violencia cuando nos preocupamos de forma irracional. Le otorgamos peso a lo negativo. Por eso, propongo otro enfoque: ver la violencia como una debilidad, no como una fuerza. No temerle, sino comprenderla. Transformar la preocupación en compasión activa. No hay que ser negativos frente a lo negativo.

No ser negativo frente a lo negativo

El lema que propongo es: "Reconoce lo negativo como negativo, pero no seas negativo frente a lo negativo". No lo impriman en una remera, pero recuerden que ese pensamiento puede salvarnos del colapso emocional.

La paz no es una moda, es una práctica

Muchos decimos que creemos en la paz, pero no vivimos como si lo creyéramos. Gandhi, el Dalái Lama... pocos realmente están convencidos. Yo mismo no estoy del todo convencido. Por eso seguimos diciendo oraciones. Hasta que encarnemos completamente esa paz. Hasta que nadie pueda temer ser dañado por nosotros.

Nuestra verdadera guerra es interior

Nuestro deber es proteger la paz mental como un niño recién nacido. Nuestra verdadera guerra está dentro. La paz mental es lo que debemos resguardar. Porque si perdemos eso, todo lo demás cae. Cuando algo malo pasa, lo primero que tiramos por la ventana es nuestra paz interior. Como si fuera lo menos importante. Eso es extraño.

El sufrimiento ajeno y nuestra selección emocional

La violencia en el mundo ocurre siempre. Constantemente. Pero sólo nos afecta cuando nos toca de cerca. El 11 de septiembre fue un gran evento para Occidente, pero cosas similares ocurren a diario en otras partes del mundo. Si de verdad nos afectara el sufrimiento de los demás, lloraríamos todo el tiempo.

Las emociones no son confiables

No podemos confiar en nuestras emociones para decidir qué está bien o mal. Las emociones son inestables. Lloramos en una boda, reímos en un funeral. Las emociones cambian en un instante. Por eso debemos usar la inteligencia. La sabiduría es lo que enseña el Buda: no desperdiciar ni una gota de nuestra paz mental.

Todo es resultado de causas y condiciones

Nada ocurre por accidente. Todo es el resultado de causas y condiciones. Las bombas, las guerras, son consecuencias, no causas. No hay un solo punto que explique todo. Todo está interconectado, desde hace billones de años.

Orar, meditar, y no caer en la desesperanza

Entonces, lo que podemos hacer es esto: orar, meditar, cultivar valor, ser amables. No porque eso detenga una guerra directamente, sino porque es nuestra manera de no caer en la trampa de la desesperanza.

La paz no debe depender del mundo

No esperes a que el mundo sea pacífico para tener paz. Esa paz exterior nunca llegará si no surge primero desde adentro. No puedes exigirle al mundo que sea pacífico si tú no puedes garantizar que no harás daño. Si logras eso, ya hiciste tu parte.

Usa el tiempo, mientras lo tienes

Y si algún día alguien te pone un arma en la cabeza, no hay teoría que valga. Huir o enfrentar. Pero mientras tanto, mientras tienes libertad, comodidades, elecciones, no desperdicies el tiempo.

Medita, no por culpa, sino por convicción

Hoy, después de todo esto, meditemos. De verdad. No por culpa, sino porque sabemos que es lo correcto. Gracias por preguntar. Gracias por preocuparte. Gracias por no olvidar que la paz es una decisión que se toma ahora, no cuando todo esté bien.


Enseñado por Khenpo Pema Wangdak el 22 de Junio del 2025
Foto: Jamchen Lhakhang Monastery - 2024

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