Esto es emocionante: Reaccionar con sabiduría cuando todo parece ir mal

Gracias, gracias a todos. Bueno, tuvimos un pequeño problema técnico al principio, ¿verdad? A veces uno entra a la reunión y no hay nadie, y después se entera de que fue reiniciada. Pero bueno, eso ya está resuelto.

Ahora, escuchen. Cuando nuestro estómago está lleno, cuando estamos sanos, cuando tenemos todo lo que necesitamos, ahí hay un pequeño peligro. Nos relajamos. Y eso puede ser muy engañoso. El mundo empieza a verse bonito, ¿verdad? Cuando estamos bien, el mundo se ve bien. Pero cuando las cosas van mal, el mundo parece ir mal. Todo parece irse abajo.

Eso es una trampa. Una ilusión. No deberíamos ser engañados por nuestras emociones. Cuando todo va bien, uno dice: “¿Cuál es el problema? Todo está bien.” Pero cuando las cosas no van bien, uno dice: “El mundo está terrible. Todo se está viniendo abajo.” ¿Verdad? Lo decimos, lo escuchamos, lo sentimos. Pero hay que tener cuidado.

No es que haya una parte mala en todo esto. Es que las dificultades, en realidad, son una forma de ausencia de fuerza. Digámoslo así: si uno sorprende a Arnold Schwarzenegger una mañana de domingo, cuando está tomando café, leyendo el periódico, y le das un puñetazo en el estómago sin avisar, él va a gritar de dolor. ¿Verdad? Pero si le dices antes: “Voy a darte un puñetazo. Prepárate.” Entonces él se prepara, lo recibe, sonríe incluso. Y es el mismo puñetazo.

Uno duele, el otro no. ¿Por qué? ¿Qué cambió? ¿Fue la fuerza física? No. Fue la preparación. Lo mismo pasa con la mente. Las dificultades no existen como algo separado. Son, en verdad, formas de debilidad.

Las dificultades no vienen de afuera

Podés pensarlo de forma más sutil. Nuestra debilidad atrae dificultades. Como si las dificultades estuvieran ahí, acechando, esperando. Pero no es que estén realmente allá afuera. Aunque a veces lo sentimos así.

La mejor defensa es estar alerta. Ya sea que estemos pasando un buen momento o uno malo. Ambos extremos nos sacan del centro. Perdemos el enfoque. Y entonces empezamos a reaccionar, y reaccionamos mal. Acción, reacción. Se forma una cadena.

¿Alguna vez pensaste en eso? Miedo a las serpientes. Sales a caminar por la noche, ves algo en el suelo, parece una serpiente. Puede ser un cable, una rama, un trapo. Pero si le temes a las serpientes, corres. Te tropiezas, caes sobre una piedra, te cortas la rodilla. Te rompes la pierna. Y veinte o treinta minutos después, estás mirando el techo de un quirófano.

Todo por algo que quizás ni siquiera era una serpiente.

Reacciones en cadena

Es lo que yo llamo una reacción en cadena. Algo simple, pero tiene su protocolo. Hay una precisión. Un evento lleva al otro. Y para los principiantes, como nosotros, necesitamos entender cómo funcionan las cosas. De forma simple. Lineal.

El mismo Buda lo dijo: “Porque esto es, aquello es. Si esto no es, aquello no es.” Simple. Pero profundo. Causa y efecto. De A a B. Así podemos entender un poco mejor cómo vivir más de acuerdo a nuestras aspiraciones, y no solo ser arrastrados por los eventos como si no tuviéramos elección.

Eso es el objetivo: liberarnos de esa forma accidental de vivir. En cambio, aprender cómo funcionan las cosas. Como lo haría un ingeniero. Aprender, repetir, mejorar. Podemos hacer lo mismo con la mente.

La felicidad no tiene que ser un accidente

Podemos experimentar felicidad. Y no tiene que ser algo casual. No tiene que ser suerte. Puede diseñarse. Puede aprenderse. La mente ahora es un sistema caótico, sí. Pero uno puede ir al sistema, entenderlo, hacer que funcione. Y cuando lo hace, se puede repetir. Ese es el experimento repetible. Que la felicidad no sea incidental.

Uno puede hacer que suceda.

Eso es emocionante.

Gratitud

Ahora vamos a continuar nuestra oración a la madre Tara, por el bien de todos los seres. Agradecemos que nos guíe. La gratitud es muy importante. Es preciosa. Es como una mercancía que puede intercambiarse por muchas otras cualidades: compasión, generosidad, bondad. En tu almacén del Dharma, asegúrate de que nunca falte la gratitud. No tiene fecha de caducidad. Siempre es válida.

Y agradecemos al maestro, que no es otro que Tara. Tara es el maestro. El maestro es Tara.

Un testimonio

Y luego alguien compartió. Tuvo un accidente. Un camión le chocó por detrás. Por suerte, su cirugía no se arruinó. Tiene una contractura en la cervical, algo de tensión, por el impacto. Pero lo más lindo fue que dijo: “Recordé lo que usted siempre dice… This is exciting.” Eso me conmovió. Que alguien pueda tomar algo así, tan inesperado, y transformarlo en oportunidad. Que en medio del golpe, de la confusión, de la tensión... pueda recordar el Dharma.

Y eso es lo que importa. Porque cuando reaccionamos sin atención, casi siempre reaccionamos mal. Pero si reaccionamos con conciencia, incluso en lo difícil, hay espacio para la transformación.

Y uno dice: “Ya que estoy pagando por esto, ¡mejor aprovecharlo!”. No hay aprendizaje sin precio. Y si este accidente es el precio, ¡entonces que valga la pena! Que sea útil. Y a veces pienso: he recibido tantas enseñanzas de mi maestro, gratis, pero luego viene la vida y me da una enseñanza que me cuesta caro… bueno, ¡mejor aprenderla! Aprovecharla.

La inmunidad de la mente

Nuestra mente necesita un sistema inmunológico. Como el cuerpo. Si la inmunidad física es baja, cualquier cosa nos enferma. En la mente, la baja inmunidad es el miedo, la ansiedad, la ira, la queja. “¿Por qué yo?”. Si uno guarda esas emociones, uno nunca tendrá paz. Nunca.

Y cuando perdemos la paz, la mente no tiene defensa. Cualquier cosa nos hiere. No tiene que ser algo grande. A veces una sola duda destruye una relación entera. ¿No es cierto? Lo vemos todo el tiempo. En la vida real, en las películas. Las películas solo copian lo que ya pasa en la vida.

Así que sí, me duele que hayas tenido ese accidente, pero también me alegra ver que estás escuchando. Que estás practicando.

Eso es lo que importa.

Gracias a todos. Buenas noches. Nos vemos mañana.


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