Más Allá del Yo: Reflexiones sobre la Unidad, la Muerte y la Ilusión del Ser

 

Recordando a la Dra. Songya Pang

Buenas noches a todos. Gracias por estar aquí esta noche. Hoy nos reunimos también por una petición especial, en memoria de una amiga de Silvia Yueh, la Dra. Songya Pang. Songya tenía 80 años, practicó la medicina durante 55 años y era endocrinóloga pediátrica. Tras su retiro, se dedicó al ballroom dancing con la misma pasión con la que ejercía la medicina. Falleció inesperadamente en su sueño, la noche pasada, después de competir en un torneo de baile en Boston. Aunque fue repentino, podemos decir que vivió una vida plena, haciendo lo que amaba hasta el final. Por favor, incluyámosla en nuestras oraciones de hoy.

La conexión universal del deseo de ser amado

Lo que nos conecta a todos los seres humanos —sin importar nuestro origen, edad o condición— es el anhelo de ser amados, de ser cuidados, de buscar significado, salud, libertad, y liberación de cualquier limitación. Si nos observamos a nosotros mismos desde esa perspectiva, veremos que las distinciones entre personas comienzan a desvanecerse. El sufrimiento y el deseo de felicidad no son distintos en mí que en ti.

El gran maestro Shantideva lo expresó con claridad: "Así como yo no deseo sufrir, tampoco los demás desean sufrir. Así como yo busco la felicidad, también los demás la buscan." Entonces, ¿cuál es la diferencia real entre uno y los otros?

La sabiduría de la igualdad en el budismo

Los grandes practicantes budistas han contemplado profundamente esta igualdad fundamental entre todos los seres. Aunque quizás no hayamos perfeccionado esta visión, podemos vislumbrarla, al menos intelectualmente o a través de experiencias personales como el amor maternal, que se aproxima a esa entrega desinteresada.

El valor de orar con conciencia de unidad

Cuando oramos desde la conciencia de esta profunda unidad entre todos los seres, nuestra práctica se vuelve mucho más significativa. Es como vernos reflejados en los demás, como cuando una madre siente más dolor por el sufrimiento de su hijo que por el propio. Así, las madres también tienen vislumbres de esta interconexión. Lo importante no es si ya la dominamos, sino que la consideremos posible.

El yo, la búsqueda y la ilusión

Alguien preguntó: “Si no hay un yo, ¿quién busca la iluminación o hace el bien?”. Y la respuesta es: es precisamente esa noción de "yo" la que imagina que busca. Mientras creemos en un yo, surgen el cielo, el infierno, la libertad y el sufrimiento, todo ligado a esa idea. Pero si no hay yo, no hay cielo ni infierno, ni liberación ni cautiverio.

El problema está en que damos por hecho la existencia del yo solo porque sentimos que existimos. Pero, ¿qué sabemos realmente del "yo"? Nada con certeza. Solo asumimos que es lo más real, sin cuestionar. Como con la idea de Dios: si alguien pregunta “¿crees en Dios?” sin antes definir qué es Dios, la pregunta está vacía. Así también deberíamos preguntarnos primero: ¿qué es ese "yo"?

Un recuerdo personal sobre creencias asumidas

Cuando llegué a EE.UU. en los años 80, un amigo cristiano me invitó a hablar sobre budismo en su seminario teológico. Tras mi charla, un estudiante me preguntó si creía en Dios. Le respondí: “Primero, dime qué es Dios, y luego hablamos”. Todos rieron, pero mi punto era serio: no podemos asumir que los demás entienden nuestras creencias como las entendemos nosotros.

Las ideas que sostenemos muchas veces son suposiciones sin base real. Creemos saber lo que es el yo, lo que es Dios, lo que es la realidad. Pero vivimos en un universo construido sobre nuestras propias ideas, hasta que algo —una enfermedad, una pérdida— nos obliga a mirar más allá.

Un ejemplo histórico de cambio interior

Vi una película reciente basada en un hecho real sobre la lucha contra la segregación en EE.UU. Un niño afroamericano debía caminar dos horas para ir a la escuela porque no se le permitía asistir a una escuela más cercana. El caso llegó a la Corte Suprema. Uno de los jueces, inicialmente en contra de la desegregación, cambió de opinión cuando vio a su chófer negro durmiendo en el auto porque ningún lugar blanco lo aceptaba. Fue un momento de profunda reflexión y transformación interior.

Este tipo de momentos nos muestran lo que enseñó el Buda: hay un poder dentro de nosotros, una claridad, que puede surgir y transformar completamente nuestra percepción, incluso en los lugares más inesperados.

Cuestionando nuestras preguntas

Todas nuestras preguntas están impregnadas de suposiciones. No es una falta de respeto, pero muchas veces preguntamos “¿crees en el yo?” o “¿qué es el yo?” sin tener ni idea de lo que realmente estamos preguntando. Vivimos aferrados a conceptos que ni siquiera entendemos, como si fueran incuestionables.

Nuestra tarea no es tener todas las respuestas, sino tener la valentía de cuestionar incluso lo más básico. Si realmente no sabemos qué es el yo, entonces también podemos abrirnos a la posibilidad de que no sea como creemos.

Despedida y reflexión final

Para concluir, mañana es luna llena, un día especial. Les animo a que se unan a la práctica de la mañana. Como decía uno de mis maestros: “Si puedes hacerlo, hazlo. Y si no puedes hacerlo… hazlo igual.” Me gusta eso, tiene mucho sentido.

Gracias a todos. Que esta noche sea de paz y reflexión. Nos vemos mañana por la mañana.

Enseñado por Khenpo Pema Wangdak el 10 de Junio del 2025
Foto: Buddha park - 2024

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