La Alegría como Camino Espiritual
Perdón por llegar tarde estos días. Dos minutos se convierten en tres, y ahí uno ya perdió el ritmo. Pero gracias una vez más a todos los que están aquí hoy. Quisiera comenzar diciendo unas palabras simples: cualquier cosa que hagamos, es valioso hacerla con alegría y entusiasmo. Cuando uno trabaja con alegría, ese trabajo adquiere un valor adicional. En lo más práctico, sentís que querés hacerlo, y eso facilita todo. De hecho, si uno actúa con alegría verdadera, el trabajo no se siente pesado. Claro que el cuerpo tiene límites —eso es otra cosa—, pero la alegría es del dominio de la mente, y allí no hay restricciones.
Usamos la inteligencia para saber hasta dónde puede ir nuestro cuerpo; por ejemplo, si manejás un auto, podés ir rápido, pero sabés que si lo exigís demasiado, se rompe. Lo mismo ocurre con nuestro cuerpo físico. Pero en cuanto al estado mental, no hay límite alguno. Por eso, cuando tengamos algo que hacer, deberíamos comenzarlo con alegría. Y al hacerlo, seguir con ese entusiasmo. Y al terminar, sentir una alegría tan grande que uno mismo se sorprenda. Esa capacidad también se entrena. Y no tiene ninguna desventaja.
La alegría verdadera no está atada a condiciones. Su única razón de ser es ella misma. No depende de nada más. La alegría por la alegría misma. Y eso nos libera de condicionamientos. No es una alegría contingente. Por eso quiero alentarlos a que, hagan lo que hagan —cocinar, rezar, meditar, encontrarse con otros— lo hagan con gozo. Nunca ha habido, ni habrá, nada malo en ser feliz con la vida, salvo que estén hablando con la persona equivocada en el lugar equivocado.
La Fuente Interna del Gozo
Si no eran conscientes de esto, ahora ya lo saben. Y cuando uno sabe, no tiene otra opción que ser feliz. Hay otras razones más profundas para esta verdad, pero esas ya tienen su precio. Esto que les comparto ahora, es apenas la cáscara, el envoltorio. Y me río solo. No deberían reírse, esto es serio... bueno, también es ligero. Y pueden comprobarlo ustedes mismos. Seguro han tenido esa experiencia de viajar muchas horas, tal vez diez o quince, en un avión, pero sentados al lado de alguien amable, alegre, que dice cosas agradables. Esas quince horas se sienten como cinco. ¿Les ha pasado? Eso no es magia, ni misterio. Es la ligereza que nace del estado mental.
Así que aprendamos a conectarnos con ese tesoro interno de la alegría. Cuanto más se disfruta, más alegría surge. Ya sea que lo llamemos vida humana preciosa, o vida con propósito, cualquier nombre que le demos, el sentido es el mismo: la felicidad está ocurriendo ahora. Y hay algo curioso sobre la alegría: no se pierde. El trabajo hay que hacerlo, porque hay que pagar las cuentas, conseguir medicina, resolver los problemas prácticos. Eso es común. Pero más allá del éxito externo, ya somos victoriosos si encontramos esa alegría interior. No necesitamos esperar a que algo pase. Lo que está pasando ahora ya es en sí mismo un resultado.
Sembrar la Alegría en Medio de la Adversidad
Si aprendemos a crear algo desde ese lugar, nos volvemos artistas. La verdadera creación surge de lo intangible, de lo ilimitado, de lo accesible, de lo que no discrimina y se repite una y otra vez. Si podemos acceder a esas enseñanzas originales, entonces sucede algo. Pero claro, si yo dijera: “No practiquen Dharma, no hagan nada, ustedes no pueden, están desautorizados, son extranjeros, no entienden nada, olvídense”, me demandarían. Pero no hace falta que lo diga. Porque somos nosotros mismos quienes nos negamos el acceso a la sabiduría al no prestarle atención.
¿Quién se está discriminando realmente?
Gracias. Ahora sentémonos un momento más. ¿Puedo decir algunas palabras más? Tal vez no. No sé. Porque cuando busqué tu nombre, decía que eras alumno de un maestro Sakya... bueno, tal vez fue algo rápido, quizás no fuiste. Lo vi en internet hace unos días.
La Continuidad de Causa y Efecto
Retomando lo que decía al comienzo, todo gira en torno a causas y resultados. Todo tiene continuidad. Siempre deja una huella, un patrón, que se transmite a lo siguiente. Para hacer dinero, necesitas dinero. Es una comparación burda, pero se entiende. Para ser feliz, necesitás felicidad. Sé que puede sonar molesto, pero tal vez eso es lo que nos falta. Estamos esperando que la felicidad llegue sola. Y así nunca llega como queremos.
Una buena metáfora que vi en YouTube es cómo se crean los diamantes artificiales. Se usa carbono, claro, porque el diamante es carbono puro. Se le aplica presión y se solidifica, como el agua que se congela. Pero se necesita una semilla de diamante real en el centro. Bajo presión, el carbono se va uniendo a esa semilla hasta convertirse en un diamante entero. Lo que quiero decir es que, incluso en los peores momentos, hay que sembrar una pequeña semilla de alegría. ¿Lo han hecho alguna vez?
Yo lo hago de vez en cuando. No es que practique todo lo que valoro, pero estoy convencido de que esto funciona. Porque no quiero sembrar una semilla negativa y después reforzarla con más negatividad. Si uno quiere continuidad en la alegría, tiene que agregar más alegría.
Un Recuerdo de la Infancia
Cuando era niño, vivíamos en una tienda de campaña. Cuando llovía, la tela —barata y sin impermeabilizante— se mojaba, y el agua bajaba suavemente por los costados. Pero si tocabas con la cabeza el techo, el agua comenzaba a gotear justo por ahí. ¿Les pasó? Si no, prueben. En una tienda, si no tocás el techo, el agua corre por fuera. Pero si lo tocás, entra. Y descubrí un truco: si desde ese punto dibujás una línea hasta el borde de la tienda, el agua la sigue. No es una solución permanente, pero ayuda.
Así también nuestra mente dirige nuestro ánimo. Nuestro rostro, nuestro comportamiento, todo sigue ese estado interno. No hay nada malo en ser feliz, incluso en los peores momentos. Si comprendemos el valor de la alegría con razones, también deberíamos aceptarla sin razones. Pero a veces sentimos que si estamos felices sin motivo, estamos infringiendo una ley. Y actuamos como si eso fuera así. Es absurdo, pero lo hacemos.
Elegir la Alegría ante el Absurdo
Tenemos opción. No estamos muriendo ni sufriendo una amputación. Nada tan grave. Incluso cuando eso ocurre, no hay daño hacia otros; solo a uno mismo. Pero lo curioso es que la mayoría de nuestros problemas son totalmente sin sentido. Y encima, los aumentamos. Si miramos el total, la gran mayoría de nuestros conflictos son absurdos. Por eso debemos desafiar esa tontería sistemáticamente. Nuestra desdicha y nuestra paz tienen causas. En julio o en enero, si lo hacemos bien, la alegría puede crear más alegría.
No me refiero a la alegría de disparar a un pobre ciervo o pescar un pez indefenso. Esa no es la alegría que propongo. Hablo de una alegría sin daño, sin razón. Piénsenlo. Tomemos un descanso. Gracias a todos. Nos vemos en la próxima sesión.

gracias Pablo, hacía mucho no leía a Khempo Pema, me había "olvidado". Leerlo es un bálsamo!
ResponderBorrarMuchas gracias por tu apreciación Gabi. Es una gran fortuna poder tenerlo, siempre me sorprendo de sus enseñanzas. Si hablás inglés podés sumarte a cualquiera de sus enseñanzas, se conecta diariamente.
Borrar