La importancia de mantenernos flexibles y recordar lo esencial

Bienvenidos nuevamente, como es habitual comenzamos con nuestras oraciones. Hoy quiero darles la bienvenida de manera especial. Hace mucho tiempo que no nos encontramos así. Me gustaría presentarles a mi primo Dick, que vino desde Santa Bárbara. Está visitando a sus hijos, y me pareció bueno que supieran quién es, por si lo ven por acá sentado cerca de mí. Muchas gracias por estar aquí.

Decimos unas palabras antes de comenzar con las oraciones. Mi rol, en este espacio, es simplemente compartir algo que quizás no sabías, o recordarte algo que ya sabías. También, quiero acompañarte en tu vida espiritual. Porque nuestra fuerza interior, nuestro valor, nuestro crecimiento espiritual, no pueden existir sin el apoyo de otros. Aunque parezca un camino solitario, la práctica espiritual necesita de maestros y amigos espirituales. Sin ellos, es casi imposible avanzar.

Puede que uno sienta que puede hacerlo todo solo, que ya sabe lo que hay que hacer. Pero, ¿realmente entendemos lo que estamos haciendo? ¿Qué nos guía? ¿Lo que deseamos? ¿Lo que otros dicen? ¿O lo que han enseñado los Budas?

En el fondo, sólo tenemos tres opciones: escuchar las enseñanzas de los maestros espirituales, seguir lo que dice todo el mundo (aunque eso puede ser caótico), o simplemente ignorar todo y seguir nuestros propios caprichos. Pero si realmente queremos avanzar, necesitamos basarnos en algo más confiable que nuestras ideas limitadas o la opinión de la mayoría.

Por eso es tan importante apoyarse en las enseñanzas del Buda, que nos llegaron a través de nuestros maestros y los maestros de ellos, en una cadena ininterrumpida desde el mismo Buda. Estas enseñanzas nos ayudan a aprender a aprender. A estar abiertos. A saber discernir qué escuchar y qué no. Incluso podemos aprender de nuestros peores enemigos. Esa es la grandeza del camino: que todo puede convertirse en una enseñanza si lo sabemos ver así.

La bondad como base del camino

Como dice una antigua enseñanza: "Si tu mente es bondadosa, tu vida también lo será". Es simple, pero profundo. La forma en que vivimos está directamente ligada a la actitud de nuestra mente. Si cultivamos una mente amable, nuestra vida será más amable. Si no, incluso lo pequeño puede volverse difícil.

Hoy también quería compartir una petición especial. Desde las islas San Juan, en la costa oeste, nos llegó un pedido de oración de parte de Pepper, que acaba de perder a un ser querido, su amigo Grub. Nos pidió que recemos por él. Les muestro una foto de Grub, aunque es pequeña, para que puedan visualizarlo en su meditación. Pedimos que la madre Tārā guíe su conciencia y lo acompañe en su tránsito. Que todas nuestras oraciones sean también para todos los seres fallecidos, y para todos los que aún vivimos, para que estemos siempre rodeados de la compasión de los Budas.

La oración como acto de generosidad

La oración puede parecer algo pequeño, unas palabras apenas. Pero tiene un poder inmenso. Aunque parezca algo simbólico, su efecto es real. Pedir por los demás, pedir ayuda para ayudar a otros, es una forma poderosa de generosidad.

La generosidad no es solo dar cosas materiales. También se expresa en oraciones, en pensamientos bondadosos, en compasión. Y no requiere esfuerzo físico. No es algo que canse el cuerpo ni lo desgaste. Es un estado mental, accesible a todos.

Sin embargo, a menudo sentimos que nuestras limitaciones físicas o mentales nos impiden hacer más. Pensamos que estamos cansados, enfermos o aburridos. Pero en realidad, el obstáculo principal es la actitud mental. La mente puede ser rígida, cerrada, inflexible, y eso es lo que más nos limita. Por eso es tan importante cultivar una mente flexible, capaz de aceptar que puede haber algo mejor, algo que aún no conocemos.

La humildad como camino de apertura

Una de las actitudes más arrogantes es creer que ya sabemos todo lo que hay que saber, que tenemos la verdad en nuestras manos. Esa rigidez mental nos impide ver, aprender, mejorar. Por eso, aunque sea un poco, debemos tener humildad. Reconocer que hay muchas cosas que no sabemos, que otros saben más, que tal vez hemos estado equivocados.

Nuestros maestros, nuestros padres, nuestros mayores, todos tienen algo para enseñarnos. ¿Cómo podríamos pensar que todos ellos están equivocados y nosotros tenemos razón? Esa es una trampa del ego.

Así que seamos humildes. Está bien cometer errores. Está bien ser heridos, si eso no nos vuelve disfuncionales. De hecho, eso nos puede volver más fuertes, más atentos, más conscientes, más despiertos. Eso también es parte del mérito y de la práctica espiritual.

Conclusión

Gracias por estar aquí esta noche. Recuerden: el camino espiritual necesita de apertura, humildad y generosidad. No tenemos que hacer grandes esfuerzos físicos para cultivar estos valores. Sólo tenemos que mantener nuestra mente abierta y nuestra intención clara. Que nuestras oraciones y nuestra actitud puedan beneficiar a todos los seres.

Nos tomamos un descanso por esta noche. Que tengan una buena noche, y nos vemos en la próxima sesión, cuando regresen.

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