Nunca subestimes el valor de la felicidad

 

Solo quería recordarme a mí mismo, y también a ustedes, que nunca debemos subestimar el valor de la felicidad. Su presencia o ausencia condiciona profundamente nuestras conductas, tanto en formas positivas como negativas. Lo importante es reconocer que existen dos tipos de felicidad. Algunas surgen de algo puro, correcto, significativo —por ejemplo, cuando uno se alegra por la felicidad o el éxito de otra persona. Esas son formas genuinas de alegría.

Pero hay otras formas de felicidad que se basan en el sufrimiento ajeno, y sobre esas sí deberíamos preocuparnos. Un ejemplo claro es el placer que algunas personas sienten al ir a pescar. Tal vez en este grupo alguien haya pescado alguna vez. Yo recuerdo haberlo hecho de niño, en un lago helado, con mi padre. Pero esa alegría, aunque parezca inocente, se basa en el sufrimiento de otro ser. Por eso debemos observar atentamente si nuestras alegrías surgen del bienestar de otros o de su dolor.

La paz mental como prioridad

Una vez que somos capaces de distinguir el origen de nuestras felicidades, debemos proteger —por sobre todo— nuestra paz mental y nuestra alegría interior. No debemos, mejor dicho, no podemos darnos el lujo de subestimar su importancia. De hecho, nuestra estabilidad espiritual solo es posible si cultivamos esta paz como algo central.

No se trata de que seamos malas personas, pero nuestra estabilidad emocional e intelectual puede ser frágil. La sostenibilidad de nuestra práctica espiritual depende de eso. Si queremos que nuestros valores espirituales sean duraderos, debemos enfocarnos en este tipo de felicidad: aquella que es interna, profunda, y no depende de que otros sufran.

El arte de encontrar gozo en lo cotidiano

Hay un libro titulado El arte de la felicidad. Tal vez algunos de ustedes lo hayan leído. El título mismo sugiere una verdad esencial: la felicidad es un arte. Y como todo arte, se cultiva. Aprender a encontrar alegría en los alimentos, en las personas con quienes compartimos, incluso en las dificultades, es una habilidad que todos podemos desarrollar.

Estoy convencido —por experiencia propia— de que incluso las cosas más pequeñas pueden ser fuente de gozo si las observamos desde el ángulo correcto. A veces, incluso los sufrimientos pueden volverse deseables en la imaginación de quien ha estado privado de ellos. Piensen en esta metáfora que inventé: hay una mujer que desea con todo su corazón ser madre, pero no puede tener hijos. Y hay otra que tiene un hijo terrible, travieso, peleador, que la vuelve loca. Y sin embargo, para la mujer que no puede tener hijos, ese mismo niño travieso sería una bendición. Así de poderosas son nuestras percepciones internas.

¿Por qué no aprendemos a hacer lo mismo con nuestras propias dificultades? Aunque no nos gusten, aunque no las hayamos pedido, podemos al menos decidir vivirlas con dignidad, incluso con alegría.

Las pequeñas alegrías: accesibles y profundas

Tenemos que aprender a encontrar alegrías simples —no superficiales, sino accesibles. Alegrías que no cuestan nada, que están en todas partes. Si logramos esto, cualquier cosa puede convertirse en una fuente de entusiasmo o inspiración.

Yo mismo intento hacer esto. Y quiero animarlos a que ustedes también lo hagan. Incluso si no tienen un hijo que proteger, tienen algo que es su responsabilidad: su mente. Su mente es como un hijo. Y deben cuidarla y nutrirla con amor.

Un arma poderosa: la paz

En estos días, estoy criando a dos niños que hemos adoptado en nuestra escuela. Son hijos de nuestra hermana del Himalaya. Están creciendo con nosotros, y me llenan de alegría. Pero más allá de eso, lo que quiero compartir es que todos tenemos una herramienta poderosa: la paz. La paz interior es la mejor arma. Sirve tanto para la defensa como para la transformación. No subestimen jamás su poder.

Mi sugerencia final es que encuentren alegría en las pequeñas cosas. Si aprenden eso, jamás faltará la felicidad. Porque las pequeñas cosas están por todas partes. Muchas gracias. Buenas noches a todos.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

La práctica consciente y el valor de aprender continuamente

La impermanencia como práctica viva

Reflexión sobre el sufrimiento privilegiado y la responsabilidad interior