Una visita auspiciosa y el valor de la presencia

 

Hoy tenemos un invitado especial desde nuestro monasterio en el sur de India, donde reside una de las comunidades más grandes del país. Su nombre es el venerable Genden, y está de visita solo por un corto tiempo. Nació en Tíbet y luego se trasladó al sur de India, donde se convirtió en uno de los monjes más antiguos. Es alguien muy querido por su dedicación. Es la primera vez que visita Estados Unidos, lo que sin duda representa un contraste cultural enorme para él, aunque lo toma con naturalidad. Estoy seguro de que internamente está procesando muchas impresiones.

También tenemos amigos tibetanos aquí presentes. Disculpen la interrupción, pero para mí es muy auspicioso tenerlo entre nosotros. Es un monje maravilloso, puro, y aunque Michelle no conoce a nadie del monasterio personalmente, sí está familiarizada con él y su labor. Es uno de esos monjes cuya influencia ha sido fundamental a lo largo de los años. Estoy muy contento de que haya podido unirse a esta sesión.

Momos, burritos y la riqueza interior

Como es costumbre entre los tibetanos, comimos momos con él. Si uno visita México, por ejemplo, le ofrecen burritos o tacos. En Tíbet, tienes momos y tsampa. Eso es todo, te guste o no. Es simple, pero suficiente.

Una vez más, quiero agradecerles por unirse esta noche. Lo más importante es reconocer la fortuna que tenemos: comida, techo, amigos, cuerpo funcional, trabajo. Tenemos mucho. Pero a veces nuestra pobreza mental no nos deja disfrutarlo. Esa pobreza mental es una gran enfermedad: hace que todo lo perfectamente bueno se sienta imperfecto. Es como preparar una comida de dieciocho platos y, justo antes de comer, ver un pelo de gato al final de la mesa. Eso arruina todo. Así funciona el descontento.

No es que seamos incapaces de disfrutar, simplemente olvidamos. Ya sabemos todo lo que decimos, pero lo olvidamos. Esa es una razón. La otra es que somos cómodos, perezosos, y vivimos buscando placer. Esa enfermedad no afecta tanto a la gente común como a los privilegiados. Nuestra insatisfacción constante es un lujo tóxico.

El cuenco sin fondo: una historia para recordar

Conté esta historia antes: en la India antigua, cuando un ser santo tocaba tu puerta, era obligación ofrecerle algo. Si no, te maldecía o te bendecía, pero nunca te ignoraba. Un día, un hombre llegó con un cuenco hecho de un cráneo humano —como los que algunos ascetas usan— y le dijo al rey: “Solo acepto tu regalo si puedes llenar este cuenco”.

El rey aceptó, pero por más tesoros que echaba, el cuenco nunca se llenaba. Su curiosidad fue mayor que su molestia: “¿Por qué no se llena?”. La respuesta era simple: el cuenco estaba hecho de un cráneo humano, símbolo del descontento. Nunca se llena. Es una metáfora, pero también una verdad literal.

Volver al presente y elegir bien

Así que debemos luchar contra los sufrimientos innecesarios. Si tenemos que sufrir, que sea por algo real. Pero muchos sufrimientos los creamos nosotros, por insatisfacción o malentendidos. Estamos en medio de lo mejor y lo peor. Podemos acceder a ambos. Pero nuestros hábitos mentales nos empujan en dirección opuesta a la que creemos tomar. Como cuando piensas que vas hacia el este, pero el auto está apuntando al oeste. Cuanto más avanzas, más te alejas de tu objetivo.

¿Cómo superar esto? No será fácil. Nunca lo fue, nunca lo será. Pero el cambio mental ayuda. Las oraciones son un inicio. Lo que verdaderamente transforma es la conciencia de lo que pensamos. Orar nos pone en la dirección correcta, como confiar en una guía cuando uno está perdido. Algún día sabremos hacia dónde vamos, pero mientras tanto, podemos confiar.

Agradecimientos y generosidad

Gracias nuevamente a todos por su apoyo. Desde que llegué a Occidente, nuestro sistema de intercambio ha sido claro: traemos un poco de Dharma, y ustedes ofrecen un poco de comida para los pequeños monjes. Esa ha sido nuestra base. Michelle ha sido muy generosa, y todos ustedes han contribuido de manera directa o indirecta.

El Buda vive entre los guardianes culturales, y entre los países, Tíbet ha sido uno de los grandes protectores de las enseñanzas. Su interés por el Dharma y su apoyo a los monasterios tibetanos es una inversión distinta: una inversión en la humanidad y en todo lo bueno que de ahí puede surgir.

Meditación, refugio y dedicación de méritos

(Se recitan las plegarias tradicionales de refugio y dedicación en inglés y tibetano.)

Aprovechar el buen momento, prepararse para el cambio

Como dije antes, nosotros —los privilegiados, los afortunados— debemos hacer un esfuerzo mayor, precisamente porque tenemos tanto. A veces usamos “la suerte” como excusa. Es conveniente decir que algo fue por karma, por Dios, por casualidad, cuando en realidad estamos evitando nuestra responsabilidad.

Es bueno pensar seriamente cuando las cosas van bien. Porque ese es el mejor momento para prepararnos. Cuando todo va mal, ya es tarde. Sí, podemos abrazarnos, llorar juntos, pero no sirve de mucho. En cambio, si usamos los buenos momentos sabiamente, no solo los disfrutamos, sino que ayudamos a que los malos momentos no lleguen.

El sufrimiento muchas veces no es un destino escrito, sino algo que creamos ahora. El karma no es solo una herencia, sino una creación continua. Incluso nuestras palabras malas pueden ser semillas de futuros malos momentos.

El infierno y el cielo: una historia Zen

Un maestro zen japonés recibió a un visitante enfadado que exigía una prueba de que el infierno y el cielo existían. Sacó su espada y amenazó con matarlo. El maestro le dijo: “Eso es el infierno”. El visitante entendió, bajó la espada. “Eso es el cielo”, dijo el maestro. Así de rápido cambian las cosas.

Cada día podemos crear alegría o sufrimiento. Esa es la base del Dharma. No podemos evitar envejecer, enfermar, morir o separarnos de los seres queridos. Pero hay millones de cosas que sí podemos hacer hoy. Vivir puede ser como el cielo, y morir también.

Aceptar el cambio como una danza de estaciones

Vivir y morir puede ser tan simple como dormir y despertar. Nadie se aterroriza por dormir sin saber si despertará. El problema no es el cambio, sino nuestra resistencia a él. Aceptar el cambio lo transforma todo: hoy es invierno, luego vendrá la primavera, luego el otoño. Nada más.

Gracias por acompañarme esta noche. Descansen bien y nos vemos en la próxima sesión.

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