La Sabiduría de No Postergar el Momento Presente
Gracias a todos por unirse a esta sesión vespertina. Veo una cara nueva, como la luna. ¿Quién eres? ¿Podrías presentarte? ¿De dónde eres? —Hola, soy Abril, de Argentina, amiga de Pablo. Mi inglés es muy malo. —Bienvenida al grupo. Muchas gracias por unirte.
Quiero comenzar recordándoles algo importante: tratemos cada momento, incluyendo este, como un momento especial. Si aprendemos a respetar y valorar el momento presente, estaremos aplicando una fórmula que tiene el poder de sostenernos para siempre. Esta fórmula funciona —matemáticamente, prácticamente— con certeza absoluta dentro del contexto relativo. Es simple: si vivimos el presente de forma plena, no tendremos tiempos difíciles. Eso es un hecho. Si esperamos a que algo suceda, es como correr detrás de un arcoíris. Está ahí, pero no se puede tocar. Como se dice: “el mañana nunca llega”.
Por eso es crucial no posponer la preciosidad de este momento. No esperemos otra ocasión, otra situación. Este es el momento. No hay más ni menos. La realidad reposa en ese punto diminuto de conciencia, en la fracción mínima de segundo. Quien puede descansar en ese instante, conquista el tiempo mismo. Nada lo puede perturbar, distraer o desviar. Que eso quede claro.
La Sabiduría del Discernimiento
Como decía antes, la enseñanza del Buda solo tiene relevancia si la aplicamos. Ya sea prestando atención mental, observando una disciplina física o verbal, o simplemente aprendiendo a ignorar lo que no merece atención. Todo se trata de cultivar la sabiduría discerniente.
La sabiduría discerniente es la que distingue los elementos, cómo funcionan, cómo se diferencian entre sí. Implica observar causas, condiciones, dimensiones, tiempo, espacio, contexto, personas, intereses, capacidades, predisposiciones e incluso el clima. Todo eso requiere nuestra atención usando el discernimiento. Y sí, importa.
Déjenme darles un ejemplo simple. Una vez aparqué mi auto demasiado cerca de la vereda, justo donde pasan las personas. Tan cerca que al caminar alguien podría, sin querer, tocar o golpear la parte trasera. En este caso, no fue un toque: destruyeron todo el panel trasero. Si hubiera estacionado seis pies más atrás, nada habría pasado. Ese pequeño descuido desencadenó una cadena de consecuencias: daños, arreglos, lluvia entrando por el hueco, policías, seguros, cables expuestos, errores al reinstalar el techo, vapor dentro del auto, condensación, agua acumulada, y hasta la falla del cargador del celular en la autopista, casi causando un accidente.
Todo comenzó con una falta de atención. Eso es lo que quiero mostrar: cómo un evento lleva a otro, en cadena. Y si uno observa con claridad, puede ver que así funciona todo. Esto es importante: cada momento presente, como estacionar el auto o elegir las palabras adecuadas, tiene impacto. Un chiste puede ser gracioso para algunos, y ofensivo para otros. Por eso necesitamos discernimiento.
El Ahora: Realidad Viva
Nuestro mejor recurso es la realidad del ahora. El pasado es memoria, el futuro es imaginación. Solo el presente es real. Incluso el pasado fue un presente en su momento. Por eso es tan importante prestar atención a las enseñanzas del Buda y aplicarlas.
Estas enseñanzas existen para nuestro propio beneficio. Son gratuitas. Pero solo funcionan si se practican. Si no, quedarán como una buena impresión, una semilla para el futuro. Pero tal vez no tengan efecto real en esta vida, en este instante.
Así que si hemos encontrado nuestro camino hasta las enseñanzas del Buda, este es el momento de dar un pequeño bocado y aplicarlo. Solo entonces veremos el beneficio real.
Cierre y Gratitud
Con esto tomaremos un descanso. Muchas gracias por unirse. Y gracias, Abril de Argentina, por acompañarnos. Eres siempre bienvenida. Que tengan un buen fin de semana.

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