La flexibilidad y la visión sin puntos de vista
Enseñanza oral de Khenpo Pema Wangdak (transcripción y adaptación libre)
Introducción
En esta enseñanza, Khenpo Pema Wangdak nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del cambio, la flexibilidad mental y la libertad de las opiniones fijas.
Con su característico humor y ejemplos cotidianos, el maestro nos muestra cómo el sufrimiento surge de la rigidez con que enfrentamos la vida, y cómo la verdadera sabiduría consiste en soltar nuestros puntos de vista para permitir que las cosas sean tal como son.
El ego y la inflexibilidad
Lo más importante en el mundo, dice el maestro, es cómo cuidamos nuestro ego.
Si el ego está infeliz, todo el mundo se vuelve un problema. Pero esa infelicidad no proviene de las circunstancias, sino de la rigidez de nuestra mente.
“En las enseñanzas del Buda, nuestro punto de vista debe ser flexible. Si todo fuera fijo, si todo fuera absolutamente verdadero, la vida sería insoportable.”
El maestro bromea con ejemplos simples: queremos vivir mucho tiempo, pero no envejecer; nos gusta la pizza caliente, pero no que queme; nos gusta el helado, pero no que esté frío. Queremos el placer sin sus condiciones, el resultado sin el proceso.
Y eso —dice— no funciona.
El cambio es bueno
Si deseamos felicidad, debemos aceptar el cambio.
El tipo de felicidad al que estamos acostumbrados depende del movimiento, del contraste, de la transformación. Si nada cambia, no hay vida.
“El cambio es bueno. El problema no es el cambio, sino nuestra fijación. Somos como los patitos que creen que lo primero que ven es su madre. Y luego pasamos la vida defendiendo esa idea.”
Por eso, nuestra visión debería ser abierta, progresiva y adaptable. Aceptar el cambio no es resignarse, sino fluir con la realidad tal como es.
Perder es ganar
El maestro nos recuerda que, a veces, dejar que el otro gane es una forma más profunda de victoria.
Cuando soltamos la necesidad de tener razón o de dominar, se disuelve el conflicto.
“Si somos flexibles, podemos dejar que otros ganen. Así se disuelve el poder de la lucha, y eso es lo que realmente nos hace libres.”
El maestro y el arquero
Para ilustrar la mente flexible, el maestro cuenta una anécdota:
“Hay una forma infalible de nunca fallar al disparar una flecha: soltá el arco y decidí que el lugar donde caiga era justo donde querías dar. Así, nunca podés fallar.”
Más allá del humor, la enseñanza es profunda: el sufrimiento surge de tener un blanco fijo, de esperar que las cosas sean solo de una manera.
Cuando soltamos el objetivo, la vida misma se convierte en el blanco perfecto.
Las reglas que inventamos
El maestro ríe al recordar su desconcierto al ver jugar al vóley por primera vez:
“Corren hacia la pelota, la tocan… ¡y la tiran! Luego corren de nuevo. No entendía qué hacían.”
Así como en el vóley o el ajedrez, todas las reglas humanas son invenciones.
Del mismo modo, nuestras ideas sobre “cómo deben ser las cosas” también son inventadas.
“Si el universo es creado por la mente, ¿por qué no crear una regla que diga: ‘Todo lo que sucede es exactamente lo que quería que sucediera’?”
Si obtenemos lo que queremos, disfrutamos; si no, entrenamos la mente para aceptar lo que llega.
Es el único modo de no perder la paz interior.
La visión sin puntos de vista
Después de recitar las alabanzas a Tara, el maestro retoma el tema central:
“La visión absoluta correcta es la visión sin puntos de vista.
Dejar que las cosas sean tal como son.
Y si sufrimos, está bien.”
En ingeniería —explica— existe el concepto de tolerancia:
si un motor está construido tan perfectamente que no deja espacio entre sus piezas, no puede moverse.
Así también la vida: necesita tolerancia para funcionar.
Demasiada rigidez destruye el movimiento.
Evolución y precisión natural
La evolución, dice, es el ejemplo perfecto del equilibrio entre precisión y cambio.
No hay un diseño fijo; simplemente, lo que funciona se vuelve lo correcto.
Así es la vida: no se trata de imponer un ideal, sino de descubrir la sabiduría dentro de lo que ocurre.
Saṃsāra y la dualidad
El maestro cita un verso:
“A aquel movido por la Gran Compasión,
que ha abandonado todos los puntos de vista,
y enseña a través de ello,
me inclino ante Gautama, el Buda.”
Mientras sostenemos puntos de vista, vivimos atrapados entre dos extremos:
buscamos lo que deseamos y huimos de lo que no queremos.
Eso es saṃsāra, el ciclo sin fin de atracción y aversión, de placer y dolor.
Liberarse comienza con una aceptación sencilla:
“Está bien. Es perfectamente así.”
Sospechar de las ideas
“La mayoría de los problemas humanos son creados por los propios humanos.
Y la raíz de eso es cómo usamos mal nuestra capacidad de pensar.
Así que debemos sospechar de nuestras ideas.”
Cuando entendemos que nuestros pensamientos son los que generan sufrimiento, surge el impulso de educar la mente.
Por eso el Buda enseñó las Cuatro Nobles Verdades, el Óctuple Sendero, la meditación y la atención plena: son las herramientas para mirar la realidad sin distorsión.
El camino de la sencillez
Si alguien te elogia, agradécele y soltá.
Si alguien te critica, soltá también.
Aferrarse, incluso a lo bueno, nos mantiene presos.
Eso es saṃsāra.
Y la salida es simple: decir con serenidad,
“Está bien. Es perfectamente así.”
Palabras finales del maestro
“Si tenés hambre, no medites: comé.
La compasión no sirve con el estómago vacío.
Sé preciso con lo que corresponde en cada momento.Les deseo buena salud, mucha felicidad y una mente flexible.
Que el día sea bueno, que la noche sea buena,
que todos los días y noches sean buenos,
y que la bendición de las Tres Joyas los acompañe siempre.”

Comentarios
Publicar un comentario