Reencontrarnos con Nosotros Mismos
Pensaba: queremos reclamarnos a nosotros mismos.
Familiarizarse con uno mismo es lo mejor que podemos hacer. Cualesquiera sean nuestros sentimientos —como dije antes— son como una sombra. Cuando caminamos bajo el sol, no importa cuán lejos o cuán rápido vayamos: la sombra siempre está ahí, siguiéndonos.
Nuestros instintos, hábitos y tendencias son como esa sombra. Durante mucho tiempo tratamos de escapar de ella, pero nunca se va.
A través de la meditación y de los sueños empezamos a reconocerla, a comprender que es parte de nosotros mismos.
El Buda dijo que la vida ordinaria que vivimos es la verdad, no algo de lo que haya que huir.
Y según mi comprensión, el sufrimiento en sí no es el problema. Lo que realmente nos causa dolor es el miedo al sufrimiento. Sufrimos por el sufrimiento. Y eso es lo que más nos ata.
Pensemos en el miedo a la muerte.
No deberíamos temerle a la muerte, pero morimos muchas veces antes de morir realmente, cada vez que la tememos.
Para un practicante budista, la muerte es como la puesta del sol. ¿Cuántos de nosotros nos angustiamos cuando el sol se pone en el oeste? Nadie. Porque sabemos que mañana volverá a salir.
A los ojos de los Budas, no hay apego al pasado ni ansiedad por el futuro; habitan plenamente el presente.
Pero hay personas que odian el sol: están enojadas todo el día, y cuando al fin cae la noche, se sienten aliviadas, como si lo hubieran vencido. Sin embargo, el sol vuelve al día siguiente.
Así es como nos relacionamos con el mundo: creemos que eliminamos nuestros enemigos o problemas, pero en realidad solo cambian de forma, vienen y se van.
Cargamos el pasado: sufrimos por los sufrimientos pasados.
Y si nuestro pasado fue feliz, también sufrimos, porque lo extrañamos.
No hay manera de ganar.
Y luego nos preocupamos por el futuro.
Vivimos siempre en otro lugar.
Familiarizarnos con el Cambio
La práctica de la meditación nos ayuda a permanecer con el cambio, a aceptar la naturaleza mutable de las cosas: nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro envejecimiento.
El sufrimiento en sí es pequeño, momentáneo, pero nosotros lo agrandamos con pensamientos repetitivos.
Nos volvemos expertos en sufrir: alimentamos el fuego del miedo y la ansiedad, como brasas encendidas bajo las cenizas.
Recuerdo una historia real: una familia en Connecticut murió una Nochebuena.
Habían apagado la chimenea, limpiaron las cenizas y las pusieron en una bolsa de basura en el sótano. Pero entre esas cenizas quedaban pequeñas brasas encendidas. Cubiertas herméticamente, se reavivaron y provocaron un incendio.
Mientras dormían, la casa se quemó.
Nuestros instintos y hábitos son como esas brasas: parecen inofensivos, pero siempre están listos para volver a encenderse si no somos conscientes.
La meditación es la forma de enfriar esas brasas: observar la mente, sus reacciones, sus puntos de vista.
Incluso en un grupo pacífico, una sola palabra puede alterar a alguien —podría ser yo, podría ser cualquiera—.
Así de frágil es la mente humana.
El Poder de la Oración y la Generosidad
Volvamos ahora a la oración.
Cuando rezamos por los demás, estamos realizando un acto de generosidad.
A mí me gusta cuando la gente piensa en mí con buenos deseos; entonces, seguro que los demás sienten lo mismo.
El mejor tipo de regalo es el que se da en secreto.
A veces experimento con eso: hacer algo bueno por alguien sin que lo sepa.
Tiene un poder enorme.
Mientras la persona no sepa quién la ayudó, pensará en eso toda su vida.
Pero si uno dice: “¡Fui yo!”, la magia desaparece.
Así que pensemos en los regalos ilimitados que podemos ofrecer a través de la oración, la bondad y los buenos pensamientos.
Aunque repitamos las mismas palabras todos los días, lo importante es que queden en el corazón.
Sí, a veces rezamos distraídos, medio dormidos, pero no importa: mientras sea algo bueno, sigue siendo valioso.
El Mérito Inconsciente
Hay historias antiguas que muestran que hasta las acciones buenas sin intención consciente generan fruto.
Se cuenta que hace mucho tiempo, unos pequeños insectos vivían bajo unas hojas. Cayeron al agua, y las corrientes los arrastraron alrededor de una estatua del Buda sumergida.
Por ese solo contacto, esos diminutos seres renacieron en una familia muy pobre de la India, de una casta baja.
A pesar de sus dificultades, un día se encontraron con el Buda de esa época, recibieron su bendición, y todos decidieron renunciar al mundo para seguir el camino.
Así se muestra cómo una pequeña conexión positiva puede transformar vidas enteras, incluso cuando no somos conscientes de ella.
Nunca debemos subestimar la fuerza del bien, aunque parezca pequeño o inconsciente.
Humildad y Atención Sin Rigidez
Por eso, si encontramos a alguien distraído o poco atento, no lo juzguemos.
Si de verdad es una persona sin atención, no necesita que se lo digan.
Decirlo solo alimenta nuestro orgullo y debilita nuestros valores internos.
El verdadero camino es cultivar una atención plena libre de orgullo.
Sigan rezando, con atención o sin ella.
La oración consciente es buena, pero también la que surge sin cálculo.
No necesitamos una atención neurótica, preocupada por hacerlo todo perfecto.
La vida no requiere perfección, sino presencia.
Es como conducir en la autopista: hay peligro, sí, pero mantenemos la atención y disfrutamos del viaje.
La vida es esa autopista.
Y la prueba de que funciona es simple: seguimos vivos.
Eso ya es un milagro.
Palabras Finales
Gracias a todos por estar aquí.
Que su noche sea tranquila.
Incluso si se sienten mal, siéntense igual, recen igual.
La oración siempre es buena, sin importar cómo nos sintamos, conscientes o no.
Gracias a todos. Qué hermoso encuentro.
Qué buena forma de terminar el día.

Que bueno eso de rezar aunque nos sintamos mal
ResponderBorrargracias Khempo La! hermosas palabras, me dan ánimo!
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