Confiar lo Más Preciado en el Único Lugar Seguro

 


Introducción

Durante esta enseñanza, Khenpo Pema Wangdak comenzó comentando la presencia de “los pequeños”, haciendo referencia a las niñas y niños presentes, y la necesidad de tener más de ellos. Entre risas y comentarios afectuosos, introdujo el tema de la confianza, de dónde guardamos lo que consideramos valioso, y cómo esto revela la importancia central de la mente.

Con anécdotas sencillas, humorísticas y profundas, explicó de manera accesible una verdad esencial del Dharma: no hay lugar más seguro para depositar aquello que realmente importa que nuestra propia mente.


El significado de “confiar”

Khenpo comenzó preguntando si todos comprendían bien la palabra entrust —confiar, encomendar— y pidió que alguien explicara su sentido en español. Entre bromas sobre acentos, dificultades con el inglés y variaciones latinoamericanas, explicó que entrust significa poner algo valioso en las manos o cuidado de otro, igual que cuando se guarda dinero en un bolsillo, una caja fuerte, bajo el suelo o detrás de una pared.

En algunos países, dijo, se guarda el dinero “bajo la cama”. En otros, “bajo la almohada”. Sea donde sea, lo importante es la intención: queremos proteger lo que consideramos preciado.


La historia de los ancianos nativos americanos

Para ilustrar la búsqueda de un lugar verdaderamente seguro, Khenpo contó una historia que uno de sus estudiantes le narró: un grupo de ancianos nativos americanos tenía un objeto extremadamente precioso y buscaban un sitio donde esconderlo para que nadie pudiera encontrarlo ni robarlo.

Primero pensaron en enterrarlo a gran profundidad, “millas bajo tierra”. Parecía una gran idea hasta que uno de los ancianos dijo:
“Algún día alguien va a cavar lo suficiente y lo encontrará.”

Luego alguien propuso ocultarlo en lo más profundo del océano. Otro anciano respondió:
“Algún día, alguien llegará hasta allí.”

Entonces pensaron en enviarlo lejos, volando hasta el espacio, tan lejos como fuera posible. El anciano volvió a decir:
“Algún día alguien también llegará allí.”

Finalmente, uno de los más ancianos dijo que conocía un lugar donde nadie jamás buscaría. Todos esperaron en silencio.
“Escóndalo en el corazón de aquellos mismos que podrían querer robarlo. Ahí jamás lo buscarán.”

Khenpo explicó que este cuento es un excelente ejemplo de cómo los seres humanos buscan seguridad en lugares externos, pero rara vez investigan su propio interior.


El único lugar donde nunca miramos

Hoy en día, dijo, los seres humanos depositamos nuestra vida, valor y seguridad en muchas cosas externas: en amigos, vecinos, profesores, maestros espirituales, incluso en los dioses o en los budas. Y aunque recibir apoyo es natural, existe un punto crucial:

El único lugar donde nunca buscamos es nuestro propio estado mental.

Ese es el motivo por el cual la práctica espiritual enfatiza tanto la conciencia, la atención plena y el trabajo con la mente. La mente —explicó— es el único “lugar” que:

  • nunca envejece,

  • nunca se deteriora,

  • nunca puede ser robado,

  • nunca puede ser destruido.

El cuerpo cambia, el dinero va y viene, la belleza disminuye, la salud fluctúa, los bienes se pierden, incluso la memoria —sustentada en un soporte físico— puede fallar.
Pero la mente no envejece.

Solo nos sentimos “viejos” cuando nuestra actitud se desalienta o se apaga, pero la mente en sí permanece siempre joven y abierta.


Depositar lo valioso en la mente

Por eso, dijo Khenpo, si uno realmente quiere proteger y preservar aquello que tiene valor, lo único sensato es depositarlo en el estado de la mente. Allí permanece incluso a través del renacimiento, si uno cree en él.

Todo lo físico eventualmente desaparecerá.
Solo aquello que se ha grabado en la conciencia permanece.

Pero, ¿cómo colocamos algo valioso en la mente?
A través del hábito.
La única forma de que algo quede verdaderamente impreso en la conciencia es acostumbrarse, es decir, practicar.

La práctica es el método directo para “grabar” lo valioso en la mente. Por eso se repite, se medita, se recuerda, se cultiva. Practicar es invertir en la mente aquello que queremos llevarnos más allá de esta vida.


Cierre de la sesión

Khenpo agradeció la presencia de todos y bromeó sobre cómo se mezcla naturalmente con los cantos, “ocultándose” entre las voces. Comentó aspectos del canto, la música, posibles actividades para la celebración de Thanksgiving y el entusiasmo por compartir canciones, comida y alegrías.

Entre risas, agradecimientos y despedidas cariñosas, concluyó la enseñanza recordando que, cuando uno busca lo que necesita, debe mirar lo suficiente, sin rendirse.
Y, lo más importante, buscar en el único lugar donde casi nunca miramos: nuestra propia mente.

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