La Naturaleza Flexible de la Mente
El valor de la mente frente a la limitación del cuerpo
Bienvenidos nuevamente, es muy bueno verlos. El tiempo pasa rápido, casi como algo mágico. Lo que necesitamos recordar es que, aunque el cuerpo está sujeto a límites —lo que tiene un inicio debe tener un final, lo que se reúne debe separarse, lo que nace debe morir—, la mente no comparte esas restricciones físicas. Eso es ley natural, es física, y no puede cambiar.
La mente, en cambio, es lo más flexible que existe. Cuando se dice “podemos ser lo que queramos”, literalmente aplica solo a la mente. Podemos desarrollar cualquier estado mental: flexible, funcional, viable. Allí es donde el Dharma entra en la vida. Si vamos a invertir trabajo en algo, debe ser en la mente: confiable, accesible, siempre presente. Todo lo demás es engañoso, transitorio.
El autoengaño y el miedo a la muerte
A menudo buscamos perfección donde no la hay y eso nos hace sufrir. Es como perforar la tierra al azar buscando petróleo: solo se encuentra si se perfora en el lugar correcto. Del mismo modo, confundimos el cuerpo y la mente como si fueran lo mismo, cuando son dos cosas completamente diferentes.
La vida engaña; un día nos engañará de manera definitiva. En cambio, la muerte es lo único que no nos va a fallar. Nadie se siente preparado para morir; solo cuando nos vemos sin salida aceptamos la idea. Pero el mejor momento para aceptar la muerte es ahora, mientras estamos vivos. Si aceptamos verdaderamente la naturaleza cambiante de todo, el morir físico deja de ser muerte. Si ya hemos “muerto” a la fijación, a la idea de permanencia, entonces no moriremos.
Mientras tanto, hacemos lo mejor que podemos, disfrutamos la vida, y la aprovechamos plenamente.
El valor de la paz, la alegría y la actitud correcta
Ser pacífico, alegre y equilibrado es lo más valioso. Es, incluso, lo más “cool” que se puede hacer. A todos les agrada una persona tranquila, sencilla y seria solo cuando corresponde serlo. La persona verdaderamente “a la moda” es quien sabe disfrutar y mantener una mente clara.
Por eso, el ser humano más “cool” del mundo es el Buda. Nadie rechaza a un Buda. Su imagen es la más bella, la más serena, la más admirada incluso por quienes no siguen ninguna religión. En la India, la figura del Buda está incluso en el Parlamento. ¿Por qué? Porque transmite algo. Hay algo en él que toca.
El impacto de la presencia y la serenidad
La presencia serena inspira. Un discípulo del Buda fue enviado a pedir comida a un pueblo. Era tan sereno, tan limpio, tan concentrado, que quien lo vio quiso saber quién era. Cuando supo que era discípulo del Buda, quedó profundamente impresionado. Si el discípulo se veía así, ¿cómo sería el maestro? Lo buscó, lo encontró y se convirtió en uno de sus mejores estudiantes. La serenidad tiene ese poder.
Incluso el Buda, al caminar por un pueblo, detenía a las personas por la impresión que causaba su presencia. No era algo forzado; surgía naturalmente de su estado interior.
La actitud correcta según el Buda
Una vez, cuando el Buda apareció en un pueblo, la gente quedó desconcertada: nunca habían visto algo así. No podían determinar si era un hombre, un deva, o un espíritu.
Entonces, fueron al rey para preguntar qué hacer. El rey respondió: “Observen. Si va pidiendo comida y luego se sienta bajo un árbol a comer, es un ser humano; si se desvanece en el aire, no lo es”. Lo observaron y, efectivamente, se sentó bajo un árbol. Esa presencia los transformó.
Quien mira con la actitud correcta ve la serenidad y la cualidad casi divina. Quien mira con negatividad no ve nada. Por eso, cultivar la mente correcta abre la posibilidad de ver esa “coolness” interna.
Cierre
Con esto, el maestro anuncia una pausa y recuerda que lo veremos nuevamente por la mañana si despertamos temprano, o más tarde si no. La enseñanza concluye con agradecimientos y despedidas.
Gracias
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