La impermanencia como práctica viva


Enseñanza oral
Maestro: Khenpo Pema Wangdak
Contexto: Oraciones y reflexión sobre la impermanencia
Idioma: Inglés (refinado al español)


Oraciones iniciales y dedicación

Antes de comenzar, Sonya pidió que hiciéramos oraciones por su amigo Julio. También quiero expresar nuestras condolencias a Pablo por el fallecimiento de su padre.

- Pablo, quisieras comentarnos algunas palabras sobre tu padre?

-- Si, mi papá quería estudiar ingeniería cuando era joven, pero mi abuela no tenía el dinero suficiente para enviarlo a la universidad. Por eso empezó una carrera militar.

-- Terminó participando en una guerra. En una ocasión, un misil impactó otro barco, y él logró rescatar a muchos soldados que estaban allí. Eso es algo que intento recordar de él.

-- Al mismo tiempo, su mente a veces no funcionaba bien. Siempre fue muy difícil tener una relación con él. Intenté muchas veces acercarme, pero siempre fue complicado. Aun así, hice lo que pude.

- Pidamos oraciones por él. Su nombre es Jorge David Angarano.



Cuando rezamos por nuestros seres queridos, recordamos algo fundamental: todos compartimos una condición común. Todo cambia. Esto es una de las bases de la práctica del Dharma.


Reflexionar correctamente sobre la impermanencia

La impermanencia es una de las primeras enseñanzas que el Buda transmitió. Pero es importante entender que no se trata de una reflexión ingenua o superficial. Si no está bien comprendida, puede llevar a malentendidos sobre su verdadero valor.

La reflexión educada y profunda sobre la impermanencia crea una actitud muy saludable. Y la actitud define cómo vemos el mundo. Define nuestros comportamientos, que a su vez dan forma a quiénes somos: nuestra manera de hablar, de sentir, de reaccionar ante el sufrimiento.

Todo lo que existe es formación, es cambio. Todo surge por causas y condiciones. Uno de los factores condicionantes más poderosos es nuestra actitud mental. La impermanencia no es solo una idea filosófica, es una actitud vital.


La bendición de contemplar la impermanencia

En la tradición monástica, siempre recuerdo un pasaje de un sutra que recitamos, donde se dice que quienes reflexionan sobre la impermanencia son bendecidos por los Budas.

Reflexionar en la impermanencia es, en sí mismo, hacer una ofrenda a los Budas. Significa conectarnos con el Buda. Y nuestra conexión con el Buda se da a través del maestro. Si no seguimos al maestro, estamos desconectados.

La práctica es el vínculo real. Y esta práctica se basa en una verdad fundamental: no hay nada en el universo que no cambie. No existe nada que permanezca fijo. Comprender esto no significa que dejemos de vivir, sino que aprendemos a vivir de acuerdo con la naturaleza de las cosas.


Pérdida, duelo y despertar

Cada vez que perdemos a un ser querido, rezamos por él. Pero también debemos practicar el Dharma. La contemplación de la impermanencia es poderosa: despierta, ilumina, libera y tiene un efecto sanador en la mente.

Como se dice en Occidente: “esto también pasará”. Esto es especialmente importante cuando atravesamos momentos difíciles. Aquí hay una sabiduría profunda, y no es una sabiduría pasajera. Debe integrarse como una parte inseparable de nuestra existencia, como una sombra que siempre nos acompaña.

Debemos mantenernos conectados con la naturaleza de la realidad.


Aceptar la naturaleza de las cosas

Me tomó muchos años comprender una expresión occidental que dice: “Si no puedes vencerlos, únete a ellos”. En realidad, es algo muy parecido a aceptar la naturaleza. Quien lucha contra la naturaleza pierde. Quien la acepta, gana.

Cuando aplicamos esta sabiduría a la vida cotidiana, surge un sentido de urgencia positivo. Pensamos: la vida es incierta, mejor disfrutarla, hacer el bien, acumular virtud ahora. Tal vez suframos, tal vez no, pero mientras tanto, vivamos con sentido.

La vida es como una cascada en una pendiente empinada: fluye sin detenerse, siempre cambiando. Por eso debemos apreciar cada momento y vivir plenamente.


Proyección mental y motivación diaria

Antes de despedirnos, quiero recordar algo importante. Cuando vayan a dormir, recuerden cualquier cosa buena que hayan hecho hoy, y dedíquenla por el beneficio de todos los seres.

Cuando se despierten, al abrir los ojos, piensen: “Todo lo que haga hoy, que sea para el beneficio de los demás”.

Esto es lo que llamamos dos momentos esenciales: uno al comenzar el día y otro al finalizarlo.

La mente es como un proyectil. Todo lo que hacemos sigue la dirección de esa proyección. Desde la mañana hasta la noche, de la noche a la mañana, desde este momento hasta la muerte.

Si proyectamos la intención de despertar para el beneficio de todos los seres, entonces nuestras acciones, incluso las más simples, quedan impregnadas de esa dirección. De esto hablaremos más adelante.


Cierre

Por ahora, les deseo un buen descanso. Que todo lo que hagan, al dormir y al despertar, esté guiado por una motivación virtuosa.

Muchas gracias a todos. Nos vemos mañana.

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