La oración, la bodichita y el hogar universal

 

Enseñanza oral — Transcripción editada para lectura

Maestro: Khenpo Pema Wangdak
Tema: Oración, bodichita, soledad y compasión universal

Una petición de oración

Una compañera compartió con nosotros sobre una amiga que acaba de terminar su tratamiento contra el cáncer. Luego encontraron un tumor en la columna, en la médula espinal, y tendrá una cirugía el miércoles por la mañana. Por eso pidió oraciones.

Pidamos oraciones por ella. Gracias por compartirlo con nosotros.

Y, como es nuestra costumbre, también recordemos a todos los seres que atraviesan desafíos similares, pruebas similares, situaciones similares.

Nuestros problemas surgen de dos fuentes: físicas y mentales, pero ambas funcionan como una sola. Por eso la oración es parte de nuestra mente, y tiene efectos directos e indirectos.

La oración como oxígeno

La oración no es algo pasajero. Es, como vengo diciendo estos días, como el oxígeno. Tal vez no cure un ojo o un dedo roto, pero sin oxígeno no podemos vivir.

La oración sostiene toda la estructura de nuestra vida interior.

A veces estamos tan enfocados en un dolor particular que olvidamos lo que realmente nos sostiene. Como en aquella historia del contrabando: los policías revisaban ruedas, contenedores, asientos, buscando oro, sin darse cuenta de que todo el camión estaba hecho de oro.

Así somos nosotros. Buscamos soluciones en pequeños compartimentos y olvidamos la base que lo sostiene todo.

La perfección de la oración

Dentro de las diez perfecciones del Buda, existe la perfección de la oración. No es solo un deseo. Es una conexión con lo más profundo de nuestra aspiración.

Para mí, la oración es una puerta que nos permite acceder a un nivel más amplio de existencia.

Hoy, mientras viajaba por la ruta, pensaba: qué solos vivimos a veces. Siempre “yo, yo, yo”. De ahí nacen el miedo, la ansiedad, el fracaso, la amenaza. Y todo eso genera una profunda sensación de soledad.

Adoptar el universo

Entonces pensé: ¿y si adoptáramos el universo entero como nuestro hogar?

Así como una madre puede amar a un niño que no es biológicamente suyo, ¿por qué no podríamos aprender a ver a todos los seres como nuestras madres, padres, hermanos, hermanas e hijos?

Cuando logramos eso, dejamos de sentirnos solos.

A eso lo llamamos bodichita: la mente del Buda. Una mente sin discriminación, compasiva, amorosa, como el amor de una madre hacia su hijo.

Si adoptamos el universo como hogar, nunca volveremos a sentirnos excluidos, abandonados o desprotegidos. Entonces dejamos de buscar protección y nos convertimos nosotros mismos en protección.

Ser el apoyo

Hay una canción india que dice:
“Si nadie te apoya, conviértete tú en el apoyo de alguien más”.

Es una idea extremadamente simple, pero profundamente poderosa.

Tal vez no tengas apoyo hoy. Pero siempre puedes ser el apoyo de otro.

La sabiduría está en todas partes. Cada instante, cada partícula, cada evento puede enseñarnos algo.

Humildad y ego

Hoy fui al médico. Me pusieron una aguja directamente en el ojo. No fue tanto el dolor físico lo que me afectó, sino mi dignidad. Mi ego quedó completamente aplastado.

Después, en el camino de regreso, me mareé. Otra vez, mi ego fue aplastado.

Hoy mi ego fue destruido dos veces. Y ahora estoy mejor. Volví a la normalidad.

Eso también es enseñanza.

Despedida

Gracias a todos.
Descansen bien. Duerman profundamente.
Despierten con claridad y energía.

Nos vemos mañana.

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