La vida social verdadera: compañía interior y altruismo en la práctica

 


Dos tipos de vida social

Yo bromeo mucho sobre la vida social, pero en realidad quiero decir algo serio. Existen dos tipos de vida social.

Una es la socialización externa: vivir juntos, comer juntos, compartir habitación si es necesario, ayudarnos mutuamente. Esa es la forma tangible, visible.

Pero hay otra forma. Una vida social interior.

Es cuando invitas a tu mundo interno a todo lo que es significativo: tus maestros, tus padres —vivos o fallecidos—, todo aquello que amas y respetas. Llenas tu mundo interior. Suena gracioso, pero es literalmente cierto.

Por eso no es extraño que haya maestros viviendo solos en cuevas. Uno podría pensar: “Se volverán locos sin nadie con quien hablar”. Pero no es así. Si la mente está llena, no hay soledad.


No estamos solos

Imaginen a una abuela sentada en su habitación mientras la casa está llena de hijos y nietos celebrando. Quizás no está en el centro de la reunión, pero escucha las voces, siente el movimiento, percibe la alegría. Está llena de vida.

No se trata solamente de estar físicamente rodeado de personas. Se trata de sentir conexión.

Si pueden imaginar eso, pueden imaginar algo más grande: no estamos solos. Somos parte del universo. Siempre hay vida alrededor, incluso si no la vemos directamente.


El verdadero peligro: el yo

El problema no es vivir solo. El problema es estar completamente centrado en uno mismo.

Cuando alguien es excesivamente autocentrado, el corazón se vuelve vacío. Entonces puede salir a cualquier parte, ir a fiestas, reunirse con gente, pero nada funciona.

En lenguaje espiritual, eso se llama el “yo”. Ese encierro es peligroso.

Muchas veces la tristeza viene de esa dificultad para relacionarnos de manera sana.


Una historia sobre la falta de madurez

Hace muchos años levanté a un joven que hacía dedo. No sabía a dónde iba. Solo quería ir “a algún lugar”. Finalmente me dijo que su novia lo había echado de casa.

Me contaba todo lo que había hecho por ella, y aún así lo habían dejado. Era inocente, pero mostraba algo muy común: no sabemos cómo ser realmente amables. No sabemos cómo relacionarnos con madurez.

No importa si somos educados o no, capaces o no. Sufrimos por falta de habilidad interior.


La soledad y el COVID

Durante el COVID muchas personas sufrieron por el aislamiento. Yo, sinceramente, estaba contento en mi habitación. No crucé la puerta durante meses. No porque sea especial, sino porque la mente puede entrenarse.

Si uno no sabe involucrarse con algo más grande que uno mismo, la soledad se vuelve pesada. Pero si la mente está abierta, puede haber plenitud incluso estando solo.


Si no tienes a nadie, sé parte de alguien más

Hay una canción india que dice algo interesante: si no tienes a nadie con quien estar, entonces sé parte de la vida de alguien más.

Si no puedes “tener” compañía, conviértete tú en compañía para otro. Es simple.

Incluso pensar sinceramente en otra persona ya cambia la mente. Es el comienzo.


No hablo de fiestas

Cuando digo “aprendan a socializar”, no estoy hablando de salir a beber o ir a bares. Esa es una forma barata de vida social.

La mejor vida social puede desarrollarse dentro de tu propia mente.

Si tienes una vida social interior sólida, lo externo es fácil. Pero si el corazón está vacío, nada afuera funciona.


Aprender es el trabajo

Así como aprendemos un idioma o a usar una computadora, podemos aprender a ampliar el corazón.

Si no ponemos esfuerzo, no aprendemos. Pero si aprendemos, podemos hacer cosas que antes no sabíamos hacer.

En el Dharma no llamamos simplemente “socializar” a esto. Lo llamamos altruismo. Lo llamamos bodhichitta: incluir a los demás en el corazón.

Nuestra vida debería parecerse a la de una madre que piensa constantemente en su hijo. Día y noche.

¿Por qué no expandir esa actitud hacia todos los seres? No hay daño en hacerlo, ni siquiera en privado. Es algo invaluable.


Somos afortunados

Comparados con millones de personas que sufren, muchos de nosotros somos extremadamente afortunados.

Si no usamos esta vida para aprender a ampliar el corazón, estamos desperdiciando algo precioso.

No se trata de tener más gente alrededor.
Se trata de expandir la mente.


Una nota cultural y despedida

Hoy, según la cultura japonesa, estamos en una fecha especial de verano. Esta noche se prepara un plato tradicional con nueve ingredientes. Cada persona recibe una porción envuelta, y dentro puede haber un pequeño símbolo que representa algo —a veces algo auspicioso, a veces algo gracioso.

Ahora ya no ponemos objetos físicos; simplemente escribimos algo en papel y lo colocamos dentro. Es una tradición sencilla, pero significativa. Cada uno abre el suyo y descubre lo que le tocó.

Así son también las enseñanzas: cada uno abre lo que le corresponde y encuentra su propio significado.

Muy bien.

Gracias a todos.
Disfruten lo que estén comiendo esta noche.
Nos vemos mañana.

Buenas noches.

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