Reflexión y práctica: pasar del conocimiento a la experiencia
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Cómo convertir el Dharma en sabiduría viva
Maestro: Khenpo Pema Wangdak
Tema: Reflexión, habituación y transformación de hábitos
Saludo y encuadre de la sesión
Buenas noches, buenas noches a todos. Qué bueno verlos. Maravilloso.
Para mantener el tiempo… bueno, olvidemos el tiempo. Hagamos una pequeña reflexión.
Como siempre digo, ya tenemos suficiente conocimiento, suficiente información sobre el Dharma. Pero tenemos que “graduarnos” o “subir de nivel” hacia la reflexión: internalizar, contemplar, reflexionar. Incluso discutir un poco, hacer que las cosas cobren más sentido. Eso es lo que yo llamo el segundo nivel.
El segundo nivel: reflexión e internalización
Hay distintos niveles de comprensión. Hay un límite a cuánto podemos entender sólo con ideas, sólo con el intelecto. Ese límite se puede superar elevando nuestra práctica, elevando el nivel de reflexión.
La reflexión, por sí sola, no hace mucho de inmediato. Pero con el tiempo uno gana un grado de sabiduría. Podemos llamarlo “sabiduría”, o podemos llamarlo un tipo de conocimiento que las ideas, por sí mismas, no pueden dar.
Y esto es importante: nunca vamos a saber completamente qué hay más allá del intelecto sólo con el intelecto. Hay cosas que sólo pueden realizarse a través de la reflexión. Por lo menos, deberíamos estar informados de esto: hay un conocimiento enorme más allá de las ideas. El próximo paso es la reflexión: contemplar, internalizar.
Un ejemplo simple: la compasión como idea y la compasión como experiencia
Tomemos “compasión” como ejemplo. La compasión que conocemos, si estamos en un cierto nivel, suele ser una idea: literalmente, una idea. Y la idea puede ser una base, puede ser un fundamento, pero por sí sola no hace gran diferencia.
Sí: una idea mejor puede superar una idea peor. Pero si queremos ir al nivel siguiente, ahí la idea ya no tiene efecto.
El segundo nivel exige otra energía. La compasión, en un nivel más profundo, sólo puede desarrollarse mediante reflexión, mediante contemplación internalizada, repetida, sostenida. No es sólo “pensar sobre algo” una vez. Es vivirlo, masticarlo, volver a ello.
Con el tiempo, uno adquiere un “sabor”. Yo lo llamo un “sabor” real, como un sabor que se aprende.
El “sabor adquirido”: agua caliente, pizza y el entrenamiento de la mente
Para los que sólo toman agua, hay un “sabor del agua”. Yo soy uno de esos.
Recuerdo que de chico, cuando me daban agua caliente por la mañana, lo odiaba. Lo primero al despertar: agua caliente hervida. Me parecía horrible: olía mal, tenía mal gusto. Yo no estaba acostumbrado.
Pero después de muchos años, llegué a amarla. Me gusta. ¿Qué cambió? Me volví familiar. Me acostumbré.
Yo quería ponerle azúcar o sal. Mi mamá se enojaba y decía algo… No recuerdo bien, era muy pequeño. Eso siguió un tiempo, y al final pasó: cambió mi gusto.
Y me pasó también con la pizza. La primera vez… primero, la pizza hay que comerla caliente, y te quema la boca. Si la dejás enfriar, ya no tiene gusto. Y después, esa “ola” de salsa de tomate… para mí era terrible. Yo no estaba acostumbrado.
Si alguna vez invitan a un inmigrante recién llegado, por favor, no le den comida muy fuerte, muy cargada, comida con mucha salsa, pasta, cosas así. No lo hagan. La van a pasar mal, porque no están acostumbrados.
Pero a mí me encantaba el olor. Tal vez por el queso, por lo rico. Con el tiempo, me habitué. Durante años viví con eso: costaba un dólar con veinticinco. Yo iba a un lugar, me sentaba sin decir una palabra, y ya sabían lo que quería. Me daban una porción de pizza y una taza de té o café. No tenía que pedirlo. Con el tiempo, se volvió natural.
Eso es “sabor adquirido”.
Lo mismo vale para lo agradable y lo desagradable
Pensemos en la gente que fuma. A nosotros nos resulta imposible soportar el olor del humo, y ni hablar de fumarlo. Pero ellos lo aman. ¿Cómo puede ser? Porque se acostumbraron. Se habituaron. Lo anhelan.
Esto es clave: las cosas buenas y las cosas malas pasan por el mismo proceso. Uno se acostumbra.
Nuestra práctica, en esencia, es habituación: entrenar la mente, acostumbrarla. Y hay un “contrapunto”: también nos hemos habituado a hábitos dañinos.
¿Y cómo se superan los malos hábitos? La única manera es cultivar hábitos buenos. No hay otra.
No hay idea que cambie hábitos. Mucha gente cree: “Cambio mi mente y la felicidad viene sola” o “lo malo se va solo”. No. Eso no pasa así.
La única forma es sentarse y practicar. Repetir. Acumular. Acostumbrarse a lo virtuoso, hasta que se vuelva natural.
Cierre de la sesión
Gracias a todos: a la familia, a los que se conectaron, a quienes participaron de la oración.
Fue una noche larga e interesante. Gracias.
Adiós.
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Hermoso 🥰
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