La Práctica como Segunda Naturaleza: El Arte de no Olvidar
Hola a todos, bienvenidos de nuevo. Qué alegría verlos a todos, desde los más pequeños hasta los más grandes. Hoy me acompañan aquí miembros de la comunidad tibetana que están de visita, así que estoy muy feliz. Tenemos un ambiente muy alegre.
Una vez más, hagamos una pequeña reflexión. Nuestra mente debe estar siempre alerta, consciente y curiosa. Debemos querer aprender siempre un poco más, incluso de lo que ya creemos saber.
No hay forma de lograr nada, ni siquiera la cosa más pequeña, a menos que tengamos la habilidad de hacerlo. Y el primer paso es el conocimiento: saber cómo se hace. Pero el conocimiento por sí solo no se materializa en resultados.
Repetición no es aburrimiento, es Práctica
Para que lo que sabemos no se pierda, debemos recordarlo constantemente. Y la forma de recordar es repetir. En el Dharma, a esa repetición la llamamos práctica.
La práctica es lo que hace que una enseñanza se pegue a nuestro corazón, que no se olvide y que se convierta en nuestra segunda naturaleza. Esto no sucede por suerte, ni por ganar la lotería, ni por una bendición mágica. Sucede por el esfuerzo constante.
No estamos aquí porque seamos los más capaces o los más trabajadores. Mucho de lo que disfrutamos hoy es por una especie de "inercia" de condiciones positivas: nuestra comunidad, nuestros padres, nuestras amistades. Estas cosas no están garantizadas; son regalos que heredamos de nuestras acciones pasadas, lo que llamamos karma.
La Riqueza de los "Niños Ricos" del Espíritu
A veces damos por sentado que tenemos comida, techo, ropa y comodidad. Pero mientras hablamos, hay miles de millones de personas que no tienen acceso a nada de eso. No estamos en esta posición solo porque seamos inteligentes o competitivos; hay fuerzas de nuestras vidas pasadas y de nuestro entorno que lo hicieron posible.
Es como un niño que nace en una familia rica. No es que él sea competente, simplemente nació allí. A mis amigos tibetanos les recuerdo siempre: ustedes son como "niños ricos" espirituales. Han heredado una cultura inmensamente rica y profunda.
Si no entienden el valor de esa herencia, podrían terminar siendo las personas más desafortunadas de la tierra, a pesar de tenerlo todo. Lo mismo aplica para nuestros amigos occidentales: encontrarse con estas enseñanzas no es solo casualidad, es una fortuna inmensa.
El "Mega Mall" de la Sabiduría de Buda
Las enseñanzas del Buda son como un "Mega Mall" espiritual. Si entras con interés, puedes obtener beneficios increíbles.
Para los occidentales, encontrarse con la cultura tibetana es la puerta de entrada a la sabiduría de Buda. Son muy afortunados por vivir en un lugar con recursos, pero también por encontrar algo que cura la "pobreza mental" que a veces sufrimos en el mundo moderno.
Y para los tibetanos que están en Occidente, también son afortunados. No digo esto solo para que se sientan cómodos; lo digo porque, observando a mis estudiantes de Oriente y Occidente, veo que cuando se une lo mejor de ambos mundos, surge la verdadera inteligencia: la capacidad de reconocer qué es lo bueno y qué es lo mejor.
Aprovechar el Ocio y la Libertad
Debemos aprovechar que tenemos tiempo y libertad. Mucha gente está demasiado acosada por el hambre, la guerra o la enfermedad como para pensar en la paz y la felicidad.
Si nosotros, que tenemos el privilegio del ocio, no aprovechamos para aprender y practicar, estamos cometiendo un error grave. A veces ni siquiera somos conscientes de lo afortunados que somos, y ese es un fenómeno muy triste que debemos evitar estando alertas.
[Nota sobre Liturgia y Práctica]
En la sesión de hoy, Alejandra dirigió las oraciones en tibetano y Janet en inglés. Realizamos la toma de refugio en el Buda, el Dharma y la Sangha. Recitamos las 21 Alabanzas a Tara, pidiendo su protección contra el miedo y los obstáculos. Se visualizó a la deidad sobre la coronilla de la cabeza para recibir las bendiciones de cuerpo, palabra y mente. Al finalizar, dedicamos los méritos acumulados para que todos los seres sintientes, sin excepción, alcancen la iluminación y para que las enseñanzas del Dharma florezcan en todas las direcciones.
Muchas gracias a Alejandra por dirigir las oraciones en ambos idiomas y gracias a todos por unirse.
Recuerden: la inteligencia real es reconocer nuestra propia buena fortuna y usarla para el bien.
Nos vemos en la próxima sesión. Que descansen.

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